La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 997 sobre los biennacidos,Yo, por Mi parte, lla- mo a voces a Mis elegidos, pues es Mi pro- pósito seguir expandiendo Mi Iglesia y ha- cerla progresar para llevar en su seno a muchos hijos Míos a la gloria. Me parecía justo atravesar sufrimientos y convertirme en prototipo y ejemplo para aquellos que Me seguirían en el futuro, y llegarían a ser hueso deMi Hueso, carne deMi Carne, y continua- rían expiando por sus hermanos y hermanas. Yo jamás he dejado de designar profetas, estableciéndolos en el camino de la Verdad para Mi Plan de Salvación. Los llevo a cum- plir los nobles votos que asomaron a sus la- bios en nuestro Divino encuentro amoroso. Cuando ellos accedieron a comprometerse en Mi Plan Salvífico, por su gran amor por Mí y por su noble convicción, Yo di un paso al frente y, con Mi Cetro Real, los marqué con las mismas marcas con las queYoMismo fui marcado, para que se parecieran a Mí y para transformarlos aMi semejanza. Todos aquellos que Me han aceptado de verdad, no se avergüenzan de Mí. Tampoco se avergüenzan de esas marcas celestiales que muestran que ya no pertenecen al mun- do. Hoy los reconoceréis por el celo que sienten por Mi Casa –Mi Casa que los re- viste–, un celo que los devora. Los recono- ceréis cuando los veáis soportando por Mi Causa insultos, calumnias, salivazos y per- secución. Sí, por Mí Causa, permitirán ser arrastrados por el fango y constantemente amenazados. No se taparán la cara ante los problemas, sino que soportarán con paz to- das las pruebas, y sus corazones no se que- brantarán sino que se santificarán. Tampo- co quebrantarán su voto de fidelidad de compartir Mi Cruz. Así que, si adviertes sus heridas y les pre- guntas: “¿Quién te ha causado esas heri- das?”. Todos te dirán: “He ofrecidomi espalda para expiar por ti. Estas heridas que ves las he recibido salva- jemente en la casa de los amigos demi Maes- tro... Porque les he estado diciendo laVerdad, me han considerado un enemigo y me han tratado como a tal. Quieren escapar de la per- secución por causa de la Cruz de nuestro Salvador, no observando la Ley del Amor. Pero no importa, y no presto atención a mis heridas, porque lo importante para mí es co- nocer la Cruz, el Instrumento de nuestra re- dención; la Cruz de nuestro Redentor, a tra- vés del cual, el mundo está ahora crucificado por mí, y yo por el mundo 1 . La obediencia a Dios es antes que la obediencia al hombre, dicen las Escrituras 2 Y así, yo he obedecido y seguido las instrucciones celestiales que me han sido dadas.” “¿Qué dijiste cuando se lanzaron contra ti, como conquistadores, los mismos que te hi- rieron y que dicen ser amigos de tu Maes- tro?”. “Jamás me he preguntado por qué me ha ocurrido esto, porque hice una promesa a nuestro Dios y Redentor, firmándola con mi propia sangre para convertirme en esclavo de nuestro Salvador”. “Y ¿qué dice tu Divino Maestro de todo esto?”. “Aquel que abarca todos los seres sin ser contenido en sus límites está en duelo por Su Familia. Muchos de Sus pastores han devastado Su Casa. En su rebeldía, han pi- soteado Sus Reglas y han transformado Sus gloriosos pastos en desolación. También su viña entera ha sido asolada. Y el rebaño, no encontrando más que tierra árida y nada que pastar, pervertido, ha muerto 3 . Y junto a las ovejas, ellos han muerto también... Estas co- sas están ocurriendo y a ninguno de ellos parece importarle. Se han dejado arrollar por sus reglas humanas y Le han fallado.” “¿Cómo sabes tú tantas cosas y cómo pue- des verlas?” “Sólo a través de la Luz de la Cruz, puede uno percibir esas cosas que son invisibles a los ojos. Sólo a través del Ojo de nuestro Ins- trumento Redentor, Instrumento de nuestra Salvación, puede uno ver todo lo que conlle- 1 Ga 6,14. 2 Hch 5,29. 3 Espiritualmente. Cuaderno 100
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