La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 996 Cuaderno 100 lir volando y encontrar descanso, y hallar refugio de la tormenta de insultos. Pero Yo había respondido, cuando Mi Padre Me lla- mó. Tu Padre oyó Tu ruego, y Te rescató y Te dio Su Paz, lejos de la contienda contra Ti. Testigos embusteros comparecieron ante el tribunal, sin embargo, Tú lloraste cuando ellos estuvieron enfermos y moribundos; como alguien que llora a su madre, Tú lloraste por ellos. Vergüenza y deshonor no te afectaban, enfrentado a la Cruz. Pero, ante la faz de Tus torturadores, clamaste una vez más al Padre: ¿Elí, Elí, lama sabachthaní? Mas la atención del Padre estaba puesta en nosotros, y vio a toda la raza humana, y tuvo piedad de nosotros... Así, una vez más, Tu Padre negó lo que Tus labios Le imploraban, como había negado Tu súplica en Getsemaní. Yahveh se había inclinado desde las alturas de Su Santuario y, mirando hacia la tierra, oyó los suspiros de los cautivos. Y para liberar a los sentenciados a morir... Sacrificó a Su Hijo Unigénito. Sí, ciertamente. Mi PadreMe entregó a todos vosotros como un don para vuestra reden- ción, también conMi plenaVoluntad. Sin embargo, Santísimo, Tú, que eres uno en el Padre y el Padre es uno en Ti, Tú, por mí causa, preferiste hacerte en la Cruz la irrisión de los hombres que Te rodeaban y la mofa de Tu pueblo. IAKRI TAPINOSI 1 “¡Que Le salve Yahveh!”, decían. “¡Si Yahveh es Su amigo, que Él Le rescate! Pero Yo no oía nada, como si fuera sordo, como si fuera mudo, sin decir una palabra. Yo era como aquel que, no oyendo nada, no tiene ninguna respuesta tajante que dar. Mi fuerza se Me escapaba poco a poco, la luz se había desvanecido de Mis Ojos. Ah, Señor, cuando tropezamos, Tu Poderosa Mano está ahí para salvarnos. Pero, en el camino de la Crucifixión, cuando Tú tropezabas, la multitud se aglomeraba con regocijo, se amontonaba a Tu alrededor. Extraños que jamás habías visto antes Te descoyuntaban a tirones, sin parar. Cuando Te caíste por primera vez, Te rodearon, rechinando los dientes, pensando que ya habías entregado Tu Espíritu y que no ibas a llegar a la Crucifixión... La tierra se estremeció y se sacudió; las ba- ses de las montañas temblaron. “No romperéMiAlianza, ni revocaré la Pala- bra queYo he dado.He jurado por Mi Santi- dad de una vez para siempre... Mi dinastía durará eternamente”. Y entonces, el Ungido entregó Su Espíritu... Hay un Río 2 cuyas corrientes santifican la morada 3 del Altísimo... Y cuando Dios está en la ciudad 4 , ésta no puede caer. Hoy, en esta hora de crisis en la que el demonio ha reunido contra ti todo su malvado dominio, volcando su desprecio 1 En griego: “La Humildad Suprema”. 2 Río: el Espíritu Santo. 3 Morada: Dios vive en nosotros. 4 Ciudad: somos la ciudad de Dios.
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