La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 991 por los latigazos que me machacaban, y Tú lo sabes. Fui entregada por los Tuyos, después de acosarme como a presa de caza, pero no se oyó una queja de mí. Sin ninguna razón me trataron como a una renegada, pero soporté todas las pruebas a las que me enfrenté, porque Tu Mano poderosa sostuvo mi debilidad. Mis días se arremolinan como polvo que vuelve al polvo, y no veo fin para Tu Santa Agonía. Así pues, ¿cuánto tiempo más voy a seguir diciendo: “¿He de vivir aún mucho tiempo entre gente que odia la paz?” ¿Cuánto tiempo he de ver al cielo en duelo por la gente de su casa y por su Ciudad santa? ¿Tendré que permanecer pasiva, mientras Tú eres crucificado de nuevo, innecesariamente? Tú me conoces, Señor, Tú que me has vuelto como un sicómoro de Egipto. Aunque tuviera que arrastrarme por todos los países, sabes que iría, cumpliendo tus órdenes, a desgranar por todas partes la Palabra que Tú me has dado. Iría incluso a la cima de los montes, y al fondo de los barrancos. Tú me conoces, Señor. Mi boca no desea discutir con Tu Sabiduría, ni con Tu Omnipotencia. ¡Jamás! Pero los pilares del cielo tiemblan, movidos de espanto por todo lo que ven en Tu Casa. Los ángeles tiemblan por el tremendo azote que nos aguarda en los días que han de venir. Así pues, ¿cómo puedo conservar la calma en el caos? Vassula, te voy a decir algo en unos momen- tos, algo que no sabes, pero déjame decirte esto ya: Voy a hacer algo 1 en tus propios días que no creerías si te lo dijeran... Esto es, pues, lo que debes saber: Yo he guardado, en esta misma Casa de la que te he hablado, un pe- queño resto para Mí, elegido por gracia, sin tener nada que ver con sus buenas obras. Son un eco susurrante deMiVoz. ¿PodríaYo dejar de oír estos gritos susurrados? (Miré de lado a Jesús y dije:) ¿Me he obstinado contra Ti en algún mo- mento? Yo te he dado a luz, he abierto los ojos de tu intelecto para que Me comprendas, Me veas y veas todas las cosas invisibles. He abierto tu oído con gotas de mirra para que escuches como una discípula, y te he provisto de pala- bra. He colocado tus pies en el camino que Yo quería que siguieras, acompañada por un príncipe del más alto rango de losArcánge- les. Te he ofrecido beber de Mi Copa, así pues, ¿iba a tratarte Mi Mano con dureza? 1 Cuando aún no se habían cumplido dos semanas desde la fecha en que recibí este mensaje, el 8 de marzo de 2000, y mientras estábamos en Tierra Santa, en una asamblea y peregrinación de la familia de LaVerdadera Vida en Dios , el Patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén nos dio permiso para celebrar en dos ocasiones la Liturgia de los Dones Presantificados, en las iglesias ortodoxas del Santo Sepul- cro y del Monte Tabor, y para invitar a todos a recibir la Sagrada Comunión. Éramos 450 personas, pertenecientes a 11 denominaciones cristianas distintas, y no hubo nin- guna restricción o interdicción para recibir la Sagrada Co- munión. Pienso que puede ser la primera vez en la historia, después del gran Cisma, que los greco- ortodoxos han in- vitado aTODOS a recibir el Santo Cuerpo y la Santa San- gre de Cristo. Sí, verdaderamente, Jesús, ¡si me lo hubie- ran dicho antes de que sucediera no me lo habría creído! ¡Gloria a Dios! Cuaderno 99

RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=