La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 990 Cuaderno 99 ni siquiera todo el infierno, lanzado contra mí para hacerme pedazos, pueden robarme la felicidad que me has dado y continúas dándome. Así pues, ¡que esta tierra aprenda quién es Dios y alabe Su Nombre! ¡Ah, bendito sea Tu Nombre por siempre! YYo te diré esto: te he hecho un juramento sobre Mi Misericordia y Mi Fidelidad. Así pues, continuaré sosteniéndote en Mi Mano derecha, dándote con Mi Presencia una ale- gría sin límites y un anticipo de la Visión Beatífica. Y seguiré siendo tu Consejero y tu felicidad, hijitaMía. Pueden cerrarse barran- cos sobre ti, y cubrirte negras nubes, y terro- nes de tierra te pueden recubrir, pero Yo te aseguro que saldrás indemne y Mi Luz irra- diará sobre ti aún más poderosamente. QueMi Óleo te calme. Estoy decidido a sal- var a esta generación exhibiendoMi Miseri- cordia. Así pues, sed felices todos los que oís lamelodía deMiVoz, y hallad vuestra ple- nitud en Mí, vuestro Dios. 8 de marzo de 2000 Guardaespaldas de mi alma, has rociado mi alma de mirra, y has cubierto mi cabeza con perfumes de suave fragancia, mediante Tu Presencia. Y ahora estoy de nuevo Contigo, Tu proximidad es riqueza para mi alma, mi mente y mi corazón. La cercanía a Tu real Munificencia me hace fuerte y anhelante, anhelante de alcanzar una santidad invencible... Te amo. Incluso en semejante miseria puedo obtener Mi gozo, yMi Palabra puede habitar en ti mediante Mi trascendencia. No estoy hablando sólo para ti y para esta generación, sino que estoy haciendo constar todo esto para la próxima generación, a fin de que una raza por nacer pueda alabarme a Mí, vuestro Dios. Mira cómoMe estoy inclinando ahora desde las alturas de Mi Santuario... Ah, Vassula, nunca el Cielo se ha inclina- do tan cerca de la tierra como se está incli- nando ahora. Hace algún tiempo podía oír un suspiro o dos desde la tierra, pero ahora ape- nas oigo nada. Esto es lo que Me mueve a apiadarme de ti, generación. Lo que oigo del cadáver, en tono fanfarrón, es: “¡Mira! Puedo vivir en un desierto como el pelícano. Puedo vivir en una ruina como la lechuza chillona. Puedo vivir sin Dios, por- que lo puedo hacer mejor que Dios...” Después, vuelvo Mis Ojos hacia el otro lado y miro Mi Propia casa, y veo miradas altivas, corazones orgullosos, desconfianza, difamación, cardenal contra cardenal, obis- po contra obispo... ¡Señor! ¿Me estás diciendo que Tu Mano es ahora demasiado corta para redimir? ¿No tienes de repente la Fuerza de salvar? ¡Es sabido que eres lento a la ira, pero no para intervenir y salvar! Así pues, ¿por qué esperas? ¿Por qué no intervienes? ¡Ahora! ¿Te atreves a desafiar Mi Sabiduría? ¿Estás provocando Mi Omnipotencia? Ah, Señor, para apaciguar Tu Casa yo puedo dar mi vida, y la he dado. Pero el celo por Tu Casa me devora, y cuando se trata de levantar Tu Casa para que no se caiga, doy mi alma y mi cuerpo, sin mirar las consecuencias. He sudado sangre, y a veces escupido sangre
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