La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 961 mantener inflamada y ardiendo, vivificada por un ardiente amor por Mí, por Mi Casa y Mi gente. Puedo devolver a la vida a cual- quiera y conducirlo con lazos de amor hacia la perfección... Señor Dios, siempre he temido las alabanzas de la gente hacia mí, y siempre me he preguntado hasta qué punto Te afectaban esas cosas. Todo el tiempo he tratado de guardarme de ese fervor mundano, porque desde el principio me hiciste comprender mi completa miseria y que yo era la menor de todos. Tus Palabras eran como un martillo golpeando en mi alma, para grabarlas en mi corazón. De vez en cuando me recordabas mi nada y que, si osaba levantar la barbilla, aunque fuera un momento, perdería Tu Corazón y también todas las gracias divinas. Por tu exuberante Amor, me guardaste junto a Tu Corazón, y, protegiéndome de este modo, hiciste que Te comprendiera. ¡Y que, si seguía siendo una nada, te complacería muchísimo ese anonadamiento, porque Tú lo harías TODO y lo serías TODO! Desde mi más tierna infancia, el demonio se me aparecía como un perro negro, gruñendo, dispuesto a hacerme pedazos, pero tu acción todopoderosa me protegía. Tu presencia constante me guardó, llevándome a esta divina unión con Tu Corazón, quedándome indisolublemente unida a la Divinidad. Conducida luego de un modo tan indescriptible que, hasta el día de hoy, me parece un sueño… Esposo de las almas, ¡Te amo! Contempla este Corazón que te ha elegido. Es el mismo que fue traspasado… Lo has probado, lo has sentido, lo has oído. Propie- dad Mía e hija Mía, nuestro trabajo todavía no se ha acabado, porque Mi Sangre sigue fluyendo de Mi corazón a raudales. Tú eres mi único Dios, ¿qué puedo hacer por Ti? Escucha y escribe: muchos deMis ministros han devastado Mi Viña, y Mis ovejas están dispersas. Muchos de ellos han reducido Mi Casa a la ruina, a la desolación…y lo saben. No hay paz entre ellos, y lo saben. Yo estoy decepcionado con ellos, y por eso no quie- ren oírme. ¿Acaso pueden sus votos librar- les de su pecado? No mi Señor, creo que no, porque el pecado es el pecado. Deben observar Mis caminos y arrepentirse. Después, como un aroma de mirra, su perfu- me se elevará y perfumará Mi Casa.Yo, en- tonces, cultivaré a Mis hijos 1 y esperaré con deleite su buena cosecha 2 .Te confíoMis mi- nistros… Tu Hacedor escuchará tus oracio- nes. Intercede por ellos. Ora y pide al Padre, cuya paciencia es grande, que los perdone. No te demores… ¿No sabes que incluso tu balbuceo infantil es escuchado por el Padre y que benévolamente le responde? Él te ha concedido tantos favores... Tú ventaja es ser siempre tan débil, y tumismamiseria hace que Él se incline desde Su Trono. Señor, Te ofrezco mi voluntad y todo lo que dé más gloria a Tu Nombre. Tú eres mi Banquete Real. 1 Ministros o pastores. 2 De repente nuestro Señor se volvió hacia mí y, cuando dijo: “Te confío Mis ministros…”, sentí como si se qui- tara de las espaldas la Iglesia entera, que Él estaba cargan- do, y la colocara sobre las mías. Cuaderno 96
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=