La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 96 Justicia está lleno, ¡no lo dejéis rebosar! Ya os he dicho antes que el mundo Me ofende. Yo soy un Dios deAmor, pero como es sabi- do, soy también un Dios de Justicia. ¡Detes- to el ateísmo! (Más tarde:) Bienamada, vas a entrar en Mi Cuerpo y te haré ver Mis clavos y Mis espinas. Señor ¿cómo veré todo eso? Te daré visión para que veas, te daré fuerza para arrancar Mis clavos y Mis espinas. Es- toy siendo crucificado de nuevo. Pero Señor, ¿por qué te has dejado crucifi- car de nuevo? Vassula,Vassula, prendido por los Míos, ol- vidado deMis bienamados 1 ... ¡Ven, hónrame, ámame! Te amo, me aferro a Ti. ¿Cuándo va a suce- der esto? Ah Vassula, no te adelantes a Mí. Vamos, todo llegará a su tiempo. Pero Tú sabes, Señor, que yo soy una intru- sa, una nada que no sabe lo que está suce- diendo en Tu Iglesia. Por eso, ¿quién que- rría ver mis papeles (Tus escritos)?. Si los alcanzan a ver, me los tirarán a la cara, rién- dose; probablemente me los tirarán encima hechos confeti. Al fin y al cabo ¿quién soy yo sino una “pecadora profesional”? ¡Recuerda quién te está guiando! Yo soy Dios. ¿Recuerdas lo que le dijiste a tu amigo, sí, al no creyente? Eran Mis palabras: “Eres como un ratón huyendo de un Gigante. Eres una mota de polvo”. (Es verdad, un amigo nuestro, no creyente, recibió un mensaje de Dios y me dijo luego: “Enmediominuto, ese mensaje destruyómis creencias de veinte largos años. ¿Por qué yo, un pecador profesional, iba a recibir un mensaje como éste? ¡Pero lucharé contra él, huiré!”. Yo me reí y luego le comuniqué las palabras de Dios.) Vassula, confía en Mí. Señor, ya lo hago, pero el problema soy yo. ¿Por qué confías Tú en mí? No deberías hacerlo, mi Señor. Estoy llena de buena voluntad, sí, pero como Tú has dicho, soy muy débil. ¡No confíes en mí! ¡Soy muy cul- pable! Vassula, eres indeciblemente débil. Lo sabía desde toda la eternidad, pero continúa sien- do nada; quiero que seas nada. De otromodo ¿cómo podría manifestarmeYo solo, si fué- semos dos? Déjame siempre libre y obraré en ti. Ven, apóyate en Mí. 17 de junio de 1987 (Dhaka) Jesús, me has hecho consciente de mi mise- ria y de que Te acercas a mí a pesar de mi maldad y mi falta absoluta de méritos para que se me concedan tales gracias. En com- paración con los santos, esto es evidente. ¿Entiendes ahora por qué me viene la “ola de dudas”? Precisamente por eso, por mi indignidad. Recuerda que me enseñaste todo desde cero. ¿Y te acuerdas de cómo, al principio, Te rechacé sabiendo que eras Tú? ¿Ves lo que quiero decir? Cuando tengo esa “ola de dudas” por los motivos mencionados, sé que Te estoy ofendiendo y haciendo daño, como me dijiste una vez: “Me haces daño cuando te olvidas de quién te ha salvado de la oscuridad”. Por otra parte, la cabeza me da vueltas cuando intento comprender por qué viniste a dar una misión de tal impor- 1 Dijo esto en un tono muy triste, como quien ha sido traicionado por su mejor amigo. Cuaderno 13
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=