La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 941 mi alma tiene sed de Dios, el Dios de Vida, el Dios de Esperanza, el Dios del Consuelo, ¿cuándo veré de nuevo el rostro de Dios? Mi corazón dijo de Ti: “Busca Su Santo Rostro”, y, como un rey rinde homenaje a su reina, de la misma manera, por Tu perfecta bondad, Tú rendiste homenaje a mi indignísima alma, mostrándome Tu belleza, mostrándome Tu Santo Rostro. Fortaleza salvadora de mi alma, pastoréame, y que mi alma disfrute de Tu dulzura. Tú has dado fuerza a unas débiles manos, instruyéndome, dirigiéndote a mí de la manera más deliciosa, haciendo brillar Tu Luz en la lóbrega y profunda sombra. Allá abajo, a las tinieblas, descendió Tu Majestad con pesar en Tus Ojos, para librar al esclavo-del-lóbrego-mundo, y llegar hasta mi tumba. Yo había muerto por falta de Sabiduría. ¿Quién era yo, Amadísimo mío, para darme tanta importancia? ¿Era justo, mi Rey, que fijaras Tus Ojos en mí y adornaras mi alma de vestiduras reales con Tu Palabra, arriesgándote, por mi causa, a depreciar Tus Obras? Sí, yo había perecido al salir del útero. Como un niño nacido muerto, vine al mundo con una nube suspendida sobre mí. Creí que existía, pero nunca había existido, no, hasta que viniste a alentar vida en mí. Cuando abrí los ojos y vi a distancia Tu Presencia, mi corazón se abrió como una flor y todo lo que había dentro de mí, como madera podrida y desmenuzada, se transformó en un jardín. Entonces mis mejillas se llenaron de risa feliz al ver a mi Redentor de pie, tan cerca de mí, y mis labios irrumpieron en un grito de alegría desde el momento en que aspiré el aliento de Vida. Tus obras, Emmanuel, son grandes, más allá de toda estimación. Tus Maravillas, Emmanuel, sobrepasan toda cuenta. Y ahora, daré rienda suelta a mi alegría. Dejaré que mi alma entusiasmada hable en voz alta: Hoy no necesito llamar a la tumba en que yacía: “mi esposo”, ni al gusano: “mi amigo, mi hermano y mi hermana”. Hoy llamo a la Vida: “mi Esposo, mi amigo, mi hermano y mi hermana”. En Ti recojo mi mirra, de Ti me alimento de miel, y vino y leche son la bebida que me das. Y así, oro de rodillas, y Te suplico que recojas todas Tus Flores 1 para que sepan que Tu compañía, oh Santísimo, es fulgor para el alma, riquezas innumerables. Tu Compañía, Mirra de mi alma, es pura alegría. Ahora soy como una niña, feliz y dispuesta. Si alguien se aventura a exhalar soplos ardientes contra Tu niña, 1 Almas. Cuaderno 94
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