La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 94 Haz lo que Te agrade, Señor. Nada será en vano, todo será por la Paz y el Amor. Mi sed es grande, Vassula.Te condu- ciré a tierras áridas, donde tus ojos contem- plarán lo que nunca has visto. Te conduciré con Fuerza Divina a lo más profundo de Mi Cuerpo sangrante. Te señalaré con Mi dedo a todos los sacerdotes pecadores, que son las espinas deMi Cuerpo. No les tendré con- sideración. Estoy agotado. Mis Llagas están más abiertas que nunca, Mi Sangre brota a borbotones, estoy siendo crucificado de nuevo por los Míos, ¡Mis propias almas sacerdotales! Dios mío, ¡me estás causando tanto dolor! ¿Por qué Te hacen eso? ¿Por qué? Vassula, no saben lo que hacen. Bienamada, lucha con tu Dios, acepta afrontar Mis sufri- mientos y compártelos conmigo. Lo haré para consolarte. ¡Acuérdate de los que Te aman! Ellos son losmuy amados deMiAlma. Nece- sito más almas de ésas que inmolan su cora- zón por Mí. Las amo, confío en ellas, se ali- mentan de Mí, son Mis víctimas, son los pétalos suaves que sustituyen Mis espinas, sonMi mirra. Vassula, no tengas miedo, penetraremos aún más profundamente donde reinan las ti- nieblas.Yo te guiaré. (Más tarde, Mi alma comenzó a sentir la amargura de Dios. Todo, todo alimento o bebida que llegaba a mi boca sabía amar- go. Me hizo beber de Su Cáliz. Me costaba respirar, me dolían el alma y el cuerpo.) 15 de junio de 1987 (Ayer mismo volé a Hong Kong para nues- tras vacaciones. Mientras estaba en tránsi- to, en Bangkok, ocurrió algo. Me senté a leer en la sala de espera, al extremo de una fila de asientos. De repente, un árabe, con otros dos detrás de él, tendió una alfombra ante mis pies, ignorándome totalmente. Cayeron al suelo, adorando a Dios en voz muy alta, llamando mucho la atención. Me sentí violenta, porque no había nadie más sentado a mi alrededor. Tenía la impresión de estar estorbando por encontrarme allí sola, delante de ellos. No me moví. Sus vo- ces se elevaban cada vez más y alguien, de- trás de mí, tomó una foto de la engorrosa escena. Más tarde, Dios me dijo: “Ese hombre dijo sus oraciones en voz lo suficientemente alta para atraer mucho la atención. Se le oyó en la sala de tránsito, pero sólo le escucharon las paredes de esa sala. Mi Corazón no oyó nada, todas las palabras permanecieron en sus labios. Por el contrario, escuché tu voz, aunque nadie oyó ni nadie supo lo que Me estabas diciendo, pero venía de tu corazón y no de tus labios”. Yo no quería poner esto por escrito por- que temía hacer una discriminación. Pero Dios me dijo: “¿De qué tienes miedo?Yo soy laVerdad, ¿y no sucede esto mismo también con los cristianos?” Hoy hemos hecho en autobús la visita tu- rística de la ciudad y sus alrededores. De repente, en lugar de aquellos altos edificios, vi unas enormes cruces negras 1 . Pensaba que era mi propia imaginación, pero oí la voz de Dios que me decía: “No, no es tu ima- ginación. Son Mis Cruces” . Viendo el “pa- raíso de los consumidores” pensaba que, si tuviera que vivir en él, me moriría; sería para mí una tortura. ¡Y pensar que hace un año yo creía que eso era el paraíso! Dios no quiere que prescinda de decir esto también: durante nuestra vuelta en au- tobús, el guía nos mostró la suntuosa man- sión del hombre más rico de Hong Kong. Nos dijo que había dos millonarios cuyos nombres eran muy conocidos en todo Hong Kong. La voz de Dios llegó a mis oídos di- ciendo: “Pero Yo no sé quiénes son, perte- necen al mundo.”) 1 Me acordé de las palabras “tierras áridas”. Cuaderno 13
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=