La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 924 Cuaderno 93 humanidad. Hazlos, guardando Santo Mi Nombre, y vive en paz con todos. CUADERNO93 9 de abril de 1998 (Habla Nuestra Señora:) Vassula Mía, Mi Presencia es Paz yAlegría. Sí, porque Yo soy tu Madre antes que tu madre de la tierra. Yo comparto, como una madre comparte con sus hijos, tus alegrías, tus sufrimientos y todo lo que soportas. Me da una inmensa alegría ver aMis hijos vivir la vida de la ver- dad, tal y como les ordenó desde el principio el Padre Eterno. Hoy, Vassula Mía, hay muchos imposto- res 1 , pero está dicho que así como hubo im- postores en el pasado, también vosotros ten- dréis vuestros falsos profetas. En un primer momento, intentan comprarte para sí mis- mos 2 , después, muy rápidamente, se vuelven contra ti, una vez que se dan cuenta de que su malicia te ha sido descubierta por el Espí- ritu, a la Luz de laVerdad. ¡Ah, hijitaMía!Te tengo envuelta en Mi Corazón Inmaculado, así es cómo protejo a Mis hijos. Por el infalibleAmor que tengo por todos vosotros, Yo, como Madre, siempre seré vuestra benigna Protectora y Defensora. ¿Acaso no habéis oído que me vuelvo como una leona que defiende a sus cachorros, cuando manos sucias se extienden para tocaros? Nadie podrá separarte de Mí. Vassula Mía, estás consagrada a Mí y has firmado tu consagración con tu propia san- gre 3 ; y, por esto, Dios te confirmó, te fortale- ció y te sostuvo, porque Su gracia y Su po- der duran por siempre jamás. Mi Hijo, Jesucristo, está siempre cerca de ti y tiene tu mano apretada en la Suya, para que nunca te separes de Él. Mi amadísimo Hijo se enternece cuando tú y otros, que habéis reconocido con buena voluntad Su Llamada Misericordiosa a través de Su no- ble tema, sacrificáis todo lo que tenéis por la salvación de las almas. YDios Padre, que es el más bondadoso de los padres, te ha favorecido entre miles, dán- dote este don inestimable y enseñándote con Sabiduría, llenando tu mente y la de los de- más con todo lo que es verdadero, todo lo que es noble, todo lo que es bueno y puro. Por el irresistible Amor que tiene por todas Sus criaturas, el Creador te ha bendecido tres veces desde Su Trono. Te ha criado 4 en Sus reales atrios con el néctar de Su Boca, y des- de Su Trono Majestuoso, Dios llegó hasta ti para consolarte, y, por medio de ti, a millones de otros que estaban en desesperada nece- sidad de consuelo. ¡Ah, qué no haría Él en Su divina Bondad por todos vosotros! Esto es algo que los filósofos de vuestro tiempo nunca van a comprender, porque es algo que no cabe en su manera de pensar. Alégrate sobremanera, hija, porque has re- cibido más gracias de las que jamás podrías merecer.Alaba también al Espíritu Santo de Dios que descendió suave y gentilmente 1 Nuestra Señora se refiere a los falsos profetas. 2 A través de un torrente de mensajes halagadores para ti, personalmente. 3 Me había pinchado el dedo y firmado, con mi propia san- gre, mi consagración como Esclava de nuestra Madre Ben- dita. 4 De repente, mientras escuchaba estas palabras, entendí una antigua visión que tuve cuando fui llevada en espíritu a la Casa de nuestro Padre, con muchas habitaciones y con un Banquete dispuesto para nosotros. En la visión, fui con- ducida a una habitación con un mirador. Lo sorprendente de la visión era la inmensa paz todo alrededor. Al salir de aquella habitación, oí los balbuceos de un niño en la habi- tación contigua, porque la puerta estaba entreabierta. No tuve que entrar en la habitación para verlo, pero, en la vi- sión, con los ojos de mi alma, vi quién estaba dentro de ella. Vi una señora sentada en un banquillo de madera, mirando a la criatura que balbuceaba, sentada en el suelo, a sus pies. En el momento de la visión, no comprendí quienes eran, ya que Dios no me reveló su identidad. Pero, ahora, con las palabras de nuestra Bendita Madre, este misterio me ha sido revelado. La Señora era nuestra Ben- dita Madre y la criatura era yo. Me estaba mirando a mí misma.Yo estaba en los atrios de mi Padre que verdadera- mente me criaba con néctar, y mi Madre me estaba velan- do, mientras todo lo que se podía oír en ese impresionante silencio, era un balbuceo infantil (Visión del 22 de noviem- bre de 1986).
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