La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 916 Cuaderno 92 17 de diciembre de 1997 Toda carne debe ir a ti con todos sus pecados. Aunque nuestras faltas nos abrumen, Tú las borras. Dichoso el hombre que Tú eliges, a quien invitas a vivir en Tus Atrios. Cólmanos de las cosas buenas de Tu casa, de Tu Santo Templo 1 . VassulaMía, déjame utilizar tu oído para que puedas oírme. Déjame utilizar tu mano para que escribas Mis palabras. Luego, déjame utilizar tumente para colmarla deMi Conoci- miento y llenar todo tu ser con las instruccio- nes que emanan de la Sabiduría. Acepta to- das Mis propuestas, amadísima amiga Mía, y avanzarás al ritmo queYo he previsto. Quiero dejar, Vassula Mía, para esta gene- ración y para las generaciones venideras, un recuerdo eterno de Mi Misericordia. Ningu- na de estas Riquezas, que proceden del tesoro de Mi Corazón, te serán atribuidas, ya que no sabías nada en absoluto al prin- cipio, cuando fuiste llamada por el Amante de la humanidad, puesto que todo tu cuer- po yacía entonces en la oscuridad. Pero, aunque Yo sea el Señor de los santos, no soy menos el Señor de los desgraciados. Te miré y te amé...Soy notorio por Mi Miseri- cordia y por la ternura de Mi Corazón. Soy notorio por la debilidad que tengo por los niños. Alégrate entonces, hija, de que tu Rey ba- jara de Su Trono para darte tres veces, en tu alma, el beso de la resurrección. Embriagada por la dulzura deMis besos, tu almaMe can- ta ahora alabanzas, glorificando a tuAmante. Supe entonces que, sólo lanzándote una de Mis miradas, ablandaría instantáneamente la dureza de tu propia voluntad y haría añicos la costra que circundaba tu corazón. Y así lo hice ... ¡Oh, qué no haríaYo por un alma tan frágil, con tal de llevarla a una unión espiri- tual completa con Mi Deidad, y hacerla un solo espíritu Conmigo! Te pedí, amadísimaMía, que construyeras un templo santo en tu interior, un altar en la ciudad donde Nosotros 2 plantaríamos Nues- tra tienda, una copia de ese sagrado taberná- culo que Nosotros habíamos preparado des- de el principio, y así lo has hecho, pequeña y leal amiga. Por eso la Sabiduría ha podido ayudarte y, a través de ti, a miles de otras al- mas. La Sabiduría te educó a ti y a muchos otros por medio de esta Obra Divina, condu- ciendo a todos hacia un camino maravilloso. Esta Obra es la prueba de Mi desbordante Amor. ¡Oh, bendito Corazón de Jesús desbordante de gracias, Divina Bondad! Tú, que con una de Tus miradas derribas reyes y reinos, embriagando pueblos y ciudades, enardeciendo hasta la locura corazones, y haciéndolos cautivos de amor y enamorados para siempre de Tu Divinidad. Tus Ojos, mi Señor, son un Jardín del Edén, exquisitamente hermoso. Tu Corazón es como un universo infinito de gracia en Gracia. Todo Tu Ser, como una torre de marfil con relucientes piedras preciosas incrustadas en sus muros. Luz Eterna, Tus dos Naturalezas son el movimiento de nuestro corazón. ¡Oh, Dios! Me doy cuenta de que no soy capaz de formular una palabra inteligible 1 Sal 65,2-4. 2 La Santísima Trinidad. ΙΧθΥΣ
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