La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 910 Cuaderno 91 desvanecía y que mi cabeza era absorbida en Su Cuerpo. Mi cabeza Lo atravesó y pe- netró en Su Sagrado Corazón, y me encon- tré con mi cabeza contenida en Su Corazón, reposando de este modo en el Hijo, que es Quien está más cerca del Corazón del Pa- dre…) Este Corazónes tu lugar de reposo.Vaso-de- Mi-Luz, este Corazón es el Único, el Primero y el Último lugar en el que vuestras almas atormentadas encontrarán una dulzura y una paz perdurables y afectuosas. (…Mientras mi Bienamado me decía estas dulces palabras, me rodeó con Sus Brazos, estrechándome aún más contra Su Pecho y, como quien desea proteger a alguien del frío, me ocultó completamente en Su Man- to. La forma de sostenerme era como la de quien teme perder al que sostiene. Mientras vivía esta experiencia en la iglesia, me pre- guntaba si debía ponerla por escrito o no, y Él me dijo:) Escríbelo para beneficio de las almas, y cuan- do lo estés escribiendo,YoMe uniré también para escribir Mi parte. (…El Corazón de Jesús absorbió entonces enteramente mi cabeza. Era como una puer- ta al Cielo y durante esos deliciosos mo- mentos, mientras mi alma gozaba de esta dulzura y de esta ternura inefables, en este reposo celestial, mi cabeza era constante- mente cubierta de caricias…) Yo he prodigadoMis favores a tu alma.Aho- ra te pido que permanezcas en Mi Corazón de este modo. Permanece Conmigo, amadí- simaMía. (…Luego, mientras mi alma se sentía em- briagada, como de vino, el Señor me hizo saborear en Su Corazón Su propia dulzura, recordándome el dulce sabor de nuestra Santa Comunión 1 y al mismo tiempo mi ca- beza se cubrió de una dulce fragancia, nue- vamente, como la de la Santa Comunión. Después, mientras estaba aún en ese re- poso, percibí que mi entorno se llenaba de humo, el dulce humo del incienso quemado. En este sosegado ambiente, continué escu- chando a mi Señor y mi Bienamado repetir estas palabras:) Permanece aquí, permanece enMí, luego ade- lántate para recibirme. Deléitame y permane- ce aquí dentro. (…Yo suspiré y me pregunté qué podría de- leitar tanto a Nuestro Señor en una criatu- ra como yo, el cero de los ceros. Él, el Ser Perfecto, Él, que se basta a Sí Mismo, ¿cómo era posible imaginarse siquiera que Él me hubiera mirado dos veces?...) Tu total miseria conmueve Mi Corazón y todo Mi Ser hasta tal punto que Mis Ojos se llenan de lágrimas de Misericordia cada vez que te miro. (…Yo estaba a punto de decir algo.) No, no hables. Absorbe Mi Paz y sacia tu corazón en este silencio, goza de estos mo- mentos de gracia y absorbe la dulzura que tu Señor te está ofreciendo. Renueva tu cora- zón, amadaMía, y permanece enMi abrazo y déjate amar. No permitas que tumente se dis- perse por el mundo, puesto que del mundo no recibirás nada.Ven aMí y saborea el dul- ce amor que tengo y siempre he tenido por ti 2 . Di más bien: una inefable debilidad por ti. Queridísima gema enMi Mano, la unción de MiAmor por ti es tan grande, que en esos inflamados momentos de amor, Mis Divinos Ojos no pueden hacer otra cosa que estar fi- jos en ti. Piensa a fondo acerca de esto, hasta que Yo venga a buscarte. No encuentro placer en ninguna otra parte como en estos momentos en que estoy con- 1 La Sagrada Comunión ortodoxa. 2 Mientras Nuestro Señor y mi Divino Maestro me decía estas palabras, parecía como si estuviese goteando miel de Su Boca. Y comprendí que Él tuvo una especial debilidad por mí, desde el comienzo de mi vida.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=