La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 909 26 de octubre de 1997 Señor, Padre y Dueño de mi vida, no dejes que la tentación me atenace y me haga dudar. Hay un deseo en mi corazón, ardiente como un horno, que no puede ser apagado hasta que sea satisfecho: el deseo de atraer almas a Ti. Pero la tentación me atenaza y me hace dudar que, realmente, Tú hayas abierto mi boca y me hayas elevado hasta Tus Atrios. Yo soy tu Fortaleza. Pequeña niña insensata ¿no lo has entendido? Yo soy Quien te llena deMi Conocimiento.Yo soy el Santísimo que llena tu corazón de alegría. SoyYo, tu Padre. No hagas caso de tu perplejidad, rézame con tu corazón. Confía en Mí y déjate sumergir en el Océano de Mi Misericordia. Sacia Mi sed de almas. La Bondad y la Misericordia son una luz para tus pies. Te he manifestado Mi Amor para que Me comprendas. Sé como un libro sonoro y habla, revela lo queYo te he revela- do. Rompe el silencio de muerte y cita Mis Palabras. Haz queMe conozcan los que nun- caMe buscaron, para que reflexionen queYo Soy El que Soy es su Esposo. Éste esunmis- terio que desafía no sólo a los apóstatas sino también a todos aquellos que, aunque predi- quen Mi Palabra, nunca han tenido un en- cuentro Conmigo y no Me conocen. Yo, tu Señor, Padre, Esposo y Dueño de tu vida te bendigo en Nuestra Santidad Trinitaria. ¿Lo ves? En Mi Nombre también, bendice a Mi pueblo. 2 de noviembre de 1997 (Domingo) (Mientras yo estaba en la Iglesia Ortodoxa Griega, asistiendo a Misa, de repente me asaltó un temor y pensé que quizá no esta- ba bien dispuesta para recibir a Nuestro Buen Señor en la Sagrada Comunión, y que, si ese era el caso, podría acarrear sobre mí el juicio airado de Dios. Mientras estos pensamientos cruzaban mi mente de un lado a otro, experimenté sú- bitamente en mi corazón un gozo y un delei- te que, aunque primero surgieran en mi co- razón, parecían extenderse hasta mis mismos huesos, como un líquido caliente y apaciguador. Mientras experimentaba esta consolación, mi alma se transformaba, sa- liendo de ese temor y tristeza para entrar en el gozo y luz. Con este gozo, mi alma alabó al Señor y Le canté en silencio. Reviví. Luego, de improviso, vi a nuestro Señor abriendo Su Boca para decirme algo. No podía evitar darme cuenta de lo alegre que estaba, y con qué gozo me decía…) Ven aMí ... (…mientras abría al mismo tiempo Su man- to verdoso-azul. Este gesto Suyo me atrajo como el hierro es atraído y arrastrado ha- cia un imán. Del mismo modo mi alma fue irresistiblemente atraída hacia Su Corazón. Y me encontré con la cabeza reclinada so- bre Su Pecho. Luego, con muchísima ternu- ra, el Amante de la humanidad me dijo: ¡Ah, qué extremadamente miserable puedes llegar a ser! (…Yo pensaba, “¿Puede alguien estrechar fuego entre sus brazos sin que su pecho arda?” Heme aquí, abrazando al Sagrado Corazón, ¿cómo es posible que mi corazón no se incendie con el fuego del amor? Mientras recostaba mi cabeza sobre Su Divino Corazón y mientras seguía reclina- da sobre Su Pecho, sentí que Su Pecho se Cuaderno 91
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=