La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 899 siendo como un eco de Mi Voz, rebotando desde las grietas de las montañas. Habiendo probadoMi Pan 1 , tu alma siem- pre lo ansiará. Mi queridísima alma, pon todo tu esfuerzo en hacer el bien en tu misión. No es tanto el sacrificio, ni las vigilias nocturnas, ni los trabajos corporales, ni cualquier acción digna de alabanza, realizada enMi honor, lo que Me deleita, sino más bien un alma que viene con el corazón en lamano, yMe lo ofre- ce proclamando su amor porMí, aunque sue- ne como un balbuceo... Quien Me encuentra, encuentra vida. Di- choso el hombre que Me descubre y llega a conocerme.Te he dado ahora el Pan deVida, para que el Día que estés ante Mi Trono, puedas venir con las manos llenas de bue- nos frutos, y Nos 2 presentes tu ofrenda. Haz que el mundo Nos conozca y re- cuérdales que la Palabra de Dios está viva y activa. Proclama un Cristo Resucitado, su- premo en todo y sobre todo, y que viene en vuestros días para recordaros la Esperanza y la Promesa 3 . Proclama un Cristo Resucitado, presente en todos los tiempos y entre voso- tros, pero también dentro de vosotros. Un Cristo Resucitado, rico en gracia y estimado más que cetros y tronos, y que, en Su Divini- dad, se encuentra un Poder único en pureza, e inmaculado, todopoderoso y amantísimo del hombre. Instrúyelos en los misterios que se encuentran dentro de Mí, pero también cómo los revelo a los pobres de espíritu y a los que se Me acercan con pureza de cora- zón.Todo lo queYo voy a revelar, será reve- lado por Mi Espíritu Santo, y entonces ellos Nos conocerán como Tres Veces Santos en el Espíritu Santo. Queridísima alma, cultiva todas Mis pala- bras y sígueme. Yo, Jesucristo, te amo y te bendigo. 25 de septiembre de 1997 Te invoco, mi Yahveh, mi Padre, porque sé que cuando lo hago, Tu Majestad vendrá con esplendor desde el cielo, descendiendo en gloria a mis aposentos. Verte a Ti, Dios mío, en esa inaccesible gloria de Tu Divina e infinita Luz es un esplendor incomprensible. Tú, la Divinidad, manifestándote a mí y queriendo estar unido a mí, deseando ser conocido. Únicamente Tú, y Tú solo puedes llegar hasta mí, porque la brecha, ese abismo ontológico entre Tú y yo, ya no puede existir. Señor, Tú llenas todas las cosas sin ser contenido ni por sus límites ni por su mismo ser. (Mientras aún estaba invocando el Nombre de Yahveh, de repente, una figura maravi- llosa, parecida al Hijo del Hombre en Su glo- riosa Transfiguración, seme apareció. El Sin Forma tomó forma. ¿Qué mente es capaz de captar o comprender a Aquel que abarca todos los seres? Aunque la visión era incom- pleta 4 , Él se dio a conocer, y soy consciente de ello. El Dios Invisible Se permitió dejar- se ver para hablar y escuchar de amigo a amigo. Invisible, y sin embargo cara a cara.) Yahveh, el Señor de Señores, se me apareció, revestido de todo Su esplendor. Su túnica celestial, reluciente y sin embargo incolora, brillaba como si estuviera cubierta de diamantes y otras piedras preciosas. Y mientras que yo contemplaba, perpleja y desconcertada, esa encantadora visión 1 Al mismo tiempo que oí “Mi Pan”, también oí “a Mí”. 2 La Santísima Trinidad. 3 La renovación de la Iglesia por el Espíritu Santo. 4 Era como ver a través de un velo gris. ΙΧθΥΣ Cuaderno 90
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