La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 891 vacías, porque vuestra alma seguirá siendo un yermo, una tierra reseca, un desierto. Pero si penetráis con corazón recto en los Miste- rios que Nosotros os revelamos ahora, en estos Mensajes, empezaréis a comprender que, cada obra que Dios está haciendo, está llena de Gloria yMajestad: Cuando Él adorna a un alma con Su Ma- jestad, y transforma esa alma para que entre en Su Reino y en el Cielo, conmemoraréis despuésesta maravilla porque veréis Su Glo- ria. Cuando Dios provee deAlimento Celes- tial a los hambrientos y a los que Le temen, para que ellos también puedan heredar y ha- cerse herederos de Su Reino, y se encuadren en la fidelidad y la integridad, también con- memoraréiseste prodigio, porque reconoce- réis Su Bendición y llevaréis alrededor de vuestro cuello esta Bendición como se lleva una guirnalda. Cuando Sus Obras de Sabiduría, que son como unmar Infinito, brillando comomil so- les, iluminen resplandecientemente vuestra alma, para que el fruto en vuestros labios aumente y que cada palabra que pronuncien vuestros labios sea como un fuego abrasador, purificando esta tierra, en ese día y noche no cesaréis nunca de cantar himnos alAmén por Su abundante bondad, paciencia y tolerancia hacia vosotros, todos estos años de vuestro desierto. Vuestra alma conmemorará estos prodigios, portentos y señales todos los días de vuestra vida. Por eso, hijos Míos, con vuestra conversión descubriréis larealGloria deDios que habita y brilla dentro de vosotros. Quitad el velo de vuestros ojos para que veáis que vuestroCreador vive también en vuestro interior, y que os abraza con SuAmor. Vues- tro Hacedor es también vuestro Esposo 1 , pues Él es la Cabeza 2 de toda criatura... Orad, hijos Míos, por aquellos cuyos co- razones están lejos de Dios. Muchos de ellos dicen: “Comamos y bebamos hoy, que ma- ñana moriremos 3 . Venid, divirtámonos ahora que estamos vivos, porque nuestra vida pa- sará como nube de verano. Sí, nuestros días aquí están contados y pasarán como una sombra, así pues ¡divirtámonos!”. Y siguen deshonrándose ellos, deshonrando la Ima- gen de Dios, hundiéndose más y más en el pecado, sin darse cuenta de que están más muertos que vivos... Ah, tantos de ellos han sido engañados por su propia presunción, y opiniones equivocadas han pervertido sus ideas... Mi Hijo, Jesucristo, Redentor de la huma- nidad, tiene el Poder de salvar a cada uno, porque el Padre, vuestro Creador, le ha dado poder sobre toda la humanidad. Hoy Él está realizando señales ymaravillas como en nin- gún otro tiempo en la historia. Dios se inclina desde el cielo hasta voso- tros, hijos Míos.Vuestro Rey, Jesús, ha deja- do de lado Su Corona y ha descendido de Su Trono Glorioso para llegar a vosotros. Este Rey, que estaba sentado en Su Trono Real, revestido de terrible esplendor, brillando con SuGloriamás que el oro y las piedras precio- sas, alzó Su Rostro, lleno de gracia e inflama- do deMajestad, y contempló a la multitud de ángeles que Le rodean. Miró a Sus Santos, y a toda la Corte Celestial, y dijo, con Su Cora- zón inflamado de Amor: “He resuelto abrir Mis reservas 4 del Cielo y derramar sobre esta temeraria generaciónMi Maná 5 escondido, un tesoro reservado para estos tiempos, para cuando el mundo se en- friaray se alejaradel amor deDios, por su frial- dad de corazón 6 . Que se sepa ahora que los sin-dios serán alimentados de estas reservas. Mira, Yo Mismo iré a ellos con palabras de consuelo y aliviaré a los desgraciados. Mos- traréMi granAmor hacia la Desgracia, y cu- raré sus heridas 7 . 1 Is 54,5. 2 Rm 7,4 y 1Co 11,3. 3 Is 22,13. 4 Al mismo tiempo oí la palabra “recursos”. 5 Mientras eran pronunciadas estas palabras: “maná escon- dido”, yo entendí también: “los tesoros escondidos del Sagrado Corazón que se permitió vislumbrar a Santa Gertrudis la Grande, diciéndole que esos tesoros estaban guardados para los tiempos en los que la gente se enfriaría en el Amor de Dios, tiempos en que Jesús revelaría Su Tesoro. Esos tiempos son ahora. 6 Esto confirma lo que yo había entendido. 7 Heridas en nuestra alma por el pecado. Cuaderno 89

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