La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 886 Cuaderno 88 aparición 1 en tu infancia, cuandoYo ejercí to- dos Mis encantos para atraerte hacia Mí. Y mientras te atraía hacia Mí, ciudadela Mía, dije: “Refrescaré Mi ciudadela con el río de Mi Corazón y santificaré esta ciudadela para evitar queMi morada caiga”. Y tuRey exhaló sobre ti SuAliento como una delicada fragan- cia. Luego, sinmás dilación, imprimíMi San- to Rostro en el tuyo, Cara con cara, sellados por toda la eternidad. Haz un momento de pausa y reflexiona sobre estas palabras... Ojalá que Mis pala- bras te plazcan… Tú eres ahora mi Dueño y me inclino ante Ti. Enséñame lo que es de Tu agrado para que todo lo que haga sea aceptable para Ti. Mis razonamientos son inseguros, y esta ciudadela, como Tú dices, está hecha de arcilla y es un peso para la mente llena de ideas. Tú dices, Rey mío, que has impreso Tu Imagen en la mía. Sí 2 . Y mientras lo hacía, planté un beso en esos labios que se harían Mi Eco y procla- marían la Verdad, para adiestrarles a cantar Mi Nombre diciendo: “Cantad al Príncipe-de-la-Paz, cantad al Inmortal, al Dios Poderoso. Abrid vuestros corazones y dejad que Su Amor celoso los consuma. Cantad al Señor y Rey, y exultad por Su venida.” Ven, que disfruten ahora tus ojos, amadísima Mía, de los tesoros insondables de Mi Cora- zón. Luego, elTodopoderoso te llevará a hacer una peregrinación en Sus Oídos...Aprende- rás a escuchar y comprender proverbios sa- gaces, amor Mío. Si prestas atención apren- derás de la Sabiduría, y tendrás sed de cualquier discurso que venga de Mí.Apren- derás en el jardín de Mis Oídos que Mis Oí- dos están abiertos a todos los que Me invo- quen sinceramente, y vengan a Mí 3 con pureza de corazón, arrepintiéndose como un libro de sonoras lamentaciones, insistiendo en su miseria, su indignidad, y en cómo Me han fallado.Ante este sonido, Mi Corazón da un vuelco. Ese sonido de contrición les con- ducirá a MiAtrios. Para que vuestros oídos escuchenMiVoz, tendréis que bajar vuestra voz.Ven y apren- de cómo respondo y libero a losmiserables y a los pobres queMe llaman.Apela aMí, yMis Oídos oirán tu súplica y vendré a salvarte.Yo escucharé tu llamada. Mis Oídos son sensi- bles. Y tú, como criatura, no seas imprudente ni sorda a las llamadas de los necesitados, antes bien, abre tus oídos a sus súplicas. No les frunzas el ceño, sino ofréceles tu mano. ¿No sabes cómo Me estremezco cuando al- guien hace una súplica y Mis criaturas no prestan oídos ni responden al que suplica? Mi Sagrado Corazón Me duele en el Pecho. En los jardines de Mis Oídos aprenderás cómo mira tu Dios, desde Su Trono, a los hi- jos e hijas de los hombres, inclinándose ha- cia ellos con Su Oído pegado a sus labios. Y tú, que has visto miles de miríadas de ánge- les rodeando Mi Trono Glorioso 4 , diles: “Venid y escuchad: El Santísimome ha dado instrucciones para que os dijera lo que Él ha hecho por mí: cuando Le lancé mi grito de metanoia y hubo gran alabanza enmi lengua, si hubiera sido todavía culpable en mi cora- zón tras mi metanoia 5 , nunca me habría escu- chado el Señor. Pero Dios no sólo me oyó: 1 La visión que tuve de niña. Jesús me sonreía. Le vi hasta la cintura. Cada vez que decía: “Ven aMí”, me sentía arras- trada hacia Él por una fuerza invisible. Entonces llegué tan cerca de Él que nuestras caras se encontraron y sentí como si mi cara fuese absorbida por la Suya. 2 Como dije antes en la visión de Cristo, fui atraída hacia Él, hasta que mi cara se adhirió a la Suya, y fue como si mi cara atravesará Su Rostro. 3 Comprendí aquí que Jesús estaba incluyendo a los confe- sores y no sólo a Sí Mismo. 4 Comprendí que se refería también a Su Sagrado Corazón. 5 Arrepentimiento.

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