La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 827 es Mi Espíritu Santo. La luz interior de vues- tra alma es Mi Espíritu tres veces santo, que hace vuestra alma inmortal, llena de gracia, Mi cielo, Mi descanso y la perfecta morada para Mí, vuestro Dios, Trino pero Uno en la unidad de esencia. El Intercesor interior en vosotros, que ele- va vuestro espíritu en una nube y os lleva a la comunión conMis Santos yMis Ángeles, es Mi Espíritu Santo. Él os enseñará a ser in- quebrantables cuando os persigan y calum- nien por Mi causa. ¡Poned todo vuestro afán en perfeccionar vuestra alma, llenándola con Mi Espíritu, y viviréis! Ven, hija. ¿Nosotros? Dios-está-contigo. 27 de enero de 1996 Yahveh, Padre, me has hablado como Abba, como Amigo. Bendigo Tu Nombre tres veces Santo. Tu ternura al abrazarme me ha revelado la Senda de la Vida, y desde entonces has construido Tu Palacio y Tu Dominio en el interior de mi alma. Sí, me has tratado con la misma ternura con que un padre trata a sus hijos. Me has manejado como quien maneja con cuidado una frágil porcelana. Te has alzado de Tu Trono Celestial. ¡Te has levantado y te has bajado, acercándote cuidadosamente con Tu aire Regio, y mientras posabas Tu Dedo sobre mis labios, me guiñaste el ojo, haciendo que mi corazón saltara de alegría! Yahveh, mi Rey, descendió a mi habitación, revestido de tremendo esplendor, de majestad y gloria. Mi Creador y mi Rey me habló con sencillez, dejándome totalmente desconcertada , sin habla y estupefacta ante su actitud Paternal. ¿Lo ves? Yahveh, Tú eres la Alegría y el arrebato de mi alma, la delicia de cada hora de mi día, el Consuelo, la Bondad de mi corazón. ¡Tu Amor, Yahveh, es como una Fuente cayendo en cascada por las montañas y en los valles, dando vida incluso a las piedras! Oh Santísimo, tómame, tómame y escóndeme en Tu Columna de nube, lejos de las profundidades de esta tierra. Ocúltame del desorden en Tu nube, y, como dijo una vez David, yo también digo: “Sin la ayuda de Yahveh, ya habría ido hace tiempo a la Casa del Silencio.” 1 . Oh Santísimo, grandes son Tus logros en mi vida diaria, por lo tanto ven, ¡oh Padre, ven! ¿no ves cómo Te ansía mi alma? Ven y déjame de nuevo hechizada. Tú eres el fruto de Mi Riqueza... Deliciosa niña, ¿qué supone para Mí entrar en tu habi- tación desde los cielos? ¿Qué supone para Mí descender de Mi Trono y visitarte? ¿Lo ves? Y ¿qué supone paraMí, hijitaMía, per- fumarte con Mi fragancia? Todo ello no es nada paraMí.Me oíste llamar yMe abriste tu puerta. Conversar contigo Me deleita. Visi- 1 Sal 94,17. Cuaderno 82
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