La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 82 afanes del mundo. Libera tu alma y ámame, a Mí y aMis Obras. Sírveme así: despréndete. Tendré dificultades, Señor. “Lo” 1 Sí, Señor mío: preveo dificultades. “Lo, lo”. Manténte cerca de Mí. Tengo miedo de desilusionarte y de hacer fracasar Tus deseos. HermanaMía, no temas. Bienamada, ámame. (Le sentí y Le amé.) Amor por amor; ámame como ahora. Trabaja y sírveme como ahora. Manténte como eres. Necesito servidores que sean capaces de servirme donde más se necesite amor. Pero trabaja duro, porque donde tú estás, estás en medio del mal, de los incrédulos, estás en las abyectas profundidades del pecado. Vas a servir a tu Dios donde prevalece la oscuri- dad. No tendrás descanso. Me servirás don- de todo bien se deforma en mal. Sí, sírveme en medio de la miseria, en me- dio de la maldad y las iniquidades del mun- do. Sírveme entre la gente sin Dios, entre los que se burlan de Mí, entre los que traspasan Mi Corazón. Sírveme entre los que Me flagelan, entre los que Me condenan. Sírve- me entre los que Me vuelven a crucificar y Me escupen. Oh,Vassula, ¡cuánto sufro!Ven a consolarme. ¡Dios mío, ven! Ven junto a los que Te aman. Ve junto a ellos, al menos por un rato: allí serás amado. Descansa en su corazón, olvi- da. ¿No puedes olvidar siquiera un mo- mento? (¡Jesús parecía TAN afligido!) Vassula, ¿olvidar? ¿Cómo podría olvidar? ¿Cómo, cuando me están volviendo a cruci- ficar repetidamente? 2 Cinco de Mis Llagas han permanecido abiertas para todos los que quieran penetrar en ellas. (Jesús se apoyó en mí. Me sentí desolada. Parecía desamparado, extenuado.) Vassula, ven, eresMi pequeña flor. Quiero de ti pétalos tersos y suaves para sustituir Mis espinas. Jesús, deja a los que Te aman aliviar Tu peso, deja a los que Te aman darte descanso y sustituirte en Tu nueva crucifixión. (No sabía cómo consolar tal agonía.) Bienamada, los que Me aman luchan y su- fren conmigo. CompartenMi Cruz, Me des- cansan. Pero son pocos. Necesito más almas que se unan aMí y compartanMis sufrimien- tos. Flor, ámame. No Me rechaces nunca. ¿Jesús? Yo soy. ¿Me ayudarás a amarte más? Lo haré, bienamada. (Estoy sin palabras. ¿Qué puedo decir? ¡Si alguien supiera lo doloroso que era verle tan herido! Era como si se estuviera murien- do otra vez. ¿Cómo se puede consolar a al- guien que se está muriendo a causa de sus heridas? ¿Y qué decirle? ¿Que todo irá bien, cuando una sabe que está herido de muerte?) 25 de mayo de 1987 (Empiezo a darme cuenta de que me es mu- cho más fácil encontrarme con Dios por esta gracia que me ha dado, si vengo sin la más mínima duda o incredulidad, sintiéndole, 1 ‘No’, en hebreo. 2 Me dictaba estas palabras tan deprisa que apenas podía seguirle. Cuaderno 12
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