La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 807 por qué me había acaecido esa miseria, por qué la luz de mis ojos me había abandonado. Oh, inclinación malvada, ¿esperabas compasión? Mi caída fue saludada con un inmenso aplauso por una multitud de demonios, porque habían conseguido arrancarme del Redil del Pastor, y robarme mi Vista, mi Alegría, miAmor y mi Vida... Y cuando la vida en mí estaba a punto de desvanecerse para siempre, Tú, ¡Padre!, Tú viniste con prodigioso poder y gloria. Y con inmensa piedad, Tú, Padre, rasgaste los cielos para llegar hasta mí. Descendiste desde Tu santa morada revestido de tremendo esplendor. Allí estabas de pie, majestuoso, delante de una aturdida Miseria. Aquel que impregna y penetra todas las cosas estaba ahora en compañía de la miseria. Tambaleándose, como borracha, mi alma vacilaba en la Presencia de esa Pura Emanación Tres veces Santa... Tartamudeé para pronunciar, para articular alguna cosa, pero no se oyó sonido alguno. No tenía palabras. Entonces, de repente, los Dedos que me formaron se tendieron y se posaron en mis labios abriéndolos para que yo aspirara el aire de Su Aliento. Y mientras inhalaba un perfume como de mirra escogida,, salió un gemido de mí, como de recién nacido, e instantáneamente fui restaurada. “ De ahora en adelante, Tu Creador será Tu Esposo. Mi Nombre: Yahveh Sabaoth” 1 dijo Él. “ Me he apiadado de ti... ¿No sabías, hijita Mía, que Yo soy rico en perdón? No te vayas y no temas. Permanece Conmigo y Yo te levantaré, y te llevaré a casa para curarte completamente. Mi gran Amor rivalizó con Mi Misericordia y Mi Corazón se sintió conmovido por tu miseria. Ven, y, si quieres, Yo haré de ti un testigo del gran Amor que tengo por todos vosotros.” Esto es lo que pronunciaron Tus Santos Labios. Cada una de Tus Palabras cayeron sobre mi alma reseca como el rocío de la mañana. Y mientras seguías hablando, mi alma, herida por el remordimiento, se encontró sucumbiendo en los Brazos de su Padre, en la Gracia de su Padre. Entonces, me volví al Señor y Le imploré poseerle. Le dije con todo mi corazón: “Quiero poseerte, mi Dios y mi Creador, tanto como Tú me posees a mí”. Entonces, pusiste a mi alrededor lazos que me unieron a Ti, lazos que permanecerán para siempre. YYo dije: te concederé el favor de Mi Cora- zón yMiAlma, porqueYo soy Divino yTres Veces Santo. Soy tu Padre y Me perteneces. YYo, hija Mía,Yo te pertenezco. ¿No sabías queYo soy Gracia y Misericordia? 1 Is 54,5. Cuaderno 80
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=