La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 719 26 de mayo de 1994 La paz esté contigo. Dime estas palabras: “Jesús mío eres el únicoAmor en mi corazón, mi única Esperanza enmi vida, mi únicaLuz enmi alma,. Por esta razón, quédate conmigo, Cristo. Mi culpa me está abrumando, y siento mucho haber pecado. Ven a librarme de todos mis pecados, no prolongues Tu silencio. Ven a renovarme, estimúlame con Tu Sabiduría, y que Tu Santo Espíritu sea Quienme gobierne. Amén.” Dímelo ahora con confianza. Estoy de pie, delante de ti, Mi Mano sobre ti. Me has dado lástima. Guarda Mis Reglas bien afianzadas en tu corazón y no te estremezcas cuando veas que vengo a ti con Mi arco y Mis fle- chas. Mi brazo aún tiene que hacer añicos algunas piedras más en tu interior. Ven a es- cribir con tu Salvador. No temas SoyYo, Je- sucristo, tu Riqueza. IC. 27 de mayo de 1994 Apóyate en Mí, hija. No permitas que los muertos 1 tearrastren de vuelta a ellos. ¿Has comido deMi fruto? Sí, he comido Tus Palabras, y son Vida. Y has revivido. Yo soy la Resurrección. Tú has resucitado 2 . Aprende cómo obra Mi Espíritu. Mi Espí- ritu estaba profundamente conmovido de verte yacer muerta entre los muertos. Junto 1 Espiritualmente muertos: queriendo decir que el mundo no debe tentarme y que yo debo mantenerme alejada de la tentación. 2 El Señor está hablando de la primera resurrección, la resu- rrección del espíritu por el Espíritu Santo. 3 Recordé que justo antes de mi conversión tuve una visión de un leproso. El leproso era yo. 4 Jesús se refería a los muertos espiritualmente. 5 “…en el polvo”, expresión de Nuestro Señor que signi- fica “en ti”, puesto que fuimos hechos del polvo. 6 Significa que Dios habló en mi interior. 7 Él Mismo. con otros, te habías hundido hasta el fondo de la tumba, en la oscuridad, en las profundi- dades de la putrefacción 3 . Parte-de-Mi-Cuer- po, Mi Ciudad, tenías oídos pero no oías nada. Tenías ojos pero no veías nada. Do- blada bajo el peso de tus pecados, estabas asfixiándote en el polvo, entre el polvo 4 . Sin embargo, ninguno de vosotros nació ahí. Y Yo, viéndote en esa miseria, Me llené de tris- teza. Mis Ojos estaban destrozados de sufri- miento. Os llamaba todo el día, pero ninguno de vosotros prestó oídos al sonido de Mi súplica. Para honrar Mi Nombre y para hon- rar las Manos que te crearon y te sostuvie- ron firmemente, y a causa deMi FielAmor, te reveléMi Rostro e hice brillar sobre tiMi Luz. La Soberanía se quedó de pie, mirándote y, con gran generosidad, Mi Espíritu Santo insufló en ti elAliento deVida, elAliento de la Resurrección. Entonces, elVerbo te ungió y estableció en ti Su Trono Real. Y para hon- rar Su Corona en el polvo 5 , te levantó del pol- vo, triunfando en ti, convirtiéndote en la flor de Su Fuerza. ¿Lo ves, hija? Mi Amor obra maravillas por los muertos... Entonces hablé en Mi santuario 6 , lo abrí totalmente y entré con gloria enMi dominio. Yo fui El que te fortificó, ciudad, para que el Engaño y laAstucia fueran incapaces de di- rigir sus ejércitos contra ti, puesto que has sido educada para caminar junto a un Rey 7 en Su procesión triunfal. Y ahora que te he resucitado, tienes que renunciar completamente a todo lo que el mundo te ofrece. Ahora que te he resucita- do, no mires ni a tu izquierda ni a tu derecha, sino sólo a las cosas de lo alto. Que tus pen- samientos sean pensamientos celestiales. Aspira de Mí y no del polvo. En tu resurrec- ción, te he despojado de tus vestiduras mun- danas y he adornado tu alma ahora con Mis impresionantes Vestiduras. Cuaderno 71

RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=