La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 71 (Hoy descubrí, leyendo a Santa Teresa de Ávila, que los olores sobrenaturales existen. Si vienen del demonio, dice ella, tienen un horrible hedor. De manera extraña, fue como otra prueba para mí de que el olor a incienso venía efectivamente de Jesús. ¡Me hizo muy feliz!) 14 de mayo de 1987 (Hoy, ¡qué alegría! Al leer la vida de Santa Teresa de Ávila, que tenía visiones, me topé con la visión del Infierno que ella describe. Me complació mucho comprobar que su descripción encajaba con la mía de la vi- sión del infierno que me había dado Dios. Ella lo explica de este modo: “oscuro y muy reducido; el suelo parecía cubierto de agua, semejante a cieno inmundo y fétido...” etc. Sí, todo ello parecía como una gruta de techo bajo... Mi descripción fue escrita el 7 de marzo de 1987) 15 de mayo de 1987 Ven, entrégate. Me encanta oírte decir que te entregas, porque tu entrega llena de gozoMi Corazón. ¡Pequeña! Pídeme queMe sirva de ti... Padre, si puedo ser de alguna utilidad, ¡utilízame, pues! Te amo. Ven, ¿deseas escribir? Escribiré, si es Tu deseo. Entonces, escribe: Haz saber que Yo, Yahveh, quise ilumi- narte. Tu único recurso soy Yo. Mi Corazón es un abismo de Perdón y Misericordia. Pe- queña, como te he iluminado a ti, así también iluminaré a aquellos que se vuelvan a Mí. Vassula, ven 1 , quédate más cerca de Mí, ¿quieres recibirme? (Silencio por mi parte...) NoMe aflijas. (Silencio...) Quédate Conmigo, purifícate. Ámame… (Silencio...) NoMe aflijas, bienamada… (Silencio...) ¿Quieres recibirme? Lléname de alegría y quédate Conmigo. Ámame.Yo te amo.Ven a Mímás amenudo, recíbeme conmás frecuen- cia.Te amo. ¿Quieres orar Conmigo? 2 NoMe hieras. (Consentí.) “Padre amadísimo, purifícame con la Sangre de Tu Hijo. Padre, purifícame con el Cuerpo de Tu Hijo. Padre amadísimo, aleja al espíritumaligno que me está tentando ahora. Amén.” (Jesús escribía esta oración, mientras yo la decía. De repente, caí en la cuenta. Era como si me hubiese despertado después de la ora- ción de Jesús. Me di cuenta de lo que esta- ba ocurriendo desde el comienzo del men- saje de hoy. Jesús me llamaba a la Sagrada Comunión, pero yo fingía no entender, in- cluso me sentía inclinada a responder ne- gativamente. Le estaba hiriendo, y aun así, me resistía a contestar. Hice que me lo dije- ra explícitamente. Tuve la sensación de que estaba a punto de caer; Jesús corrió en mi auxilio. Justo después de Su oración, que Él rezó conmigo, me di cuenta de que era un 1 Ahora Jesús se dirige a mí. 2 Aquí tuve deseos de decir: “¡Oh, no! ¡Otra vez, no!” Cuaderno 11

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