La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 70 religión, ni tenía una Biblia en casa desde que acabé el colegio, ni había ido a la igle- sia desde el bautizo de mi primer hijo, hace 15 años, Tú me has enseñado muchas cosas. No es que me considere ahora una erudita pero, por lo menos, me has enseñado quién eres Tú, cuánto nos amas y cómo amarte a Ti. Te he dado frutos deMi propio jardín. Deseo llenar tus reservas de mis frutos. (Le pregunté algo que no deseo escribir.) Lo sé, Vassula. Que sea como Yo lo deseo. (No pude reprimir una sonrisa de oreja a oreja. Era tan bonito tener así una pequeña “charla” con Jesús. Era como si hablase con un buen amigo; no pude dejar de sonreír; casi reía, me sentía feliz...) Yo también estoy contento... (Sí, lo estaba, ¡era maravilloso!) Vassula, ¿sabes cuánto Me alegro y disfruto de estos momentos, estos momentos en los que Me hablas como a un compañero? Vassula, todavía tenemos trabajo que hacer. Bendita seas. Te daré una señal de Mi Pre- sencia, bienamada. Jesús, ¿qué señal? ... Quiero decir: ¿dónde? En tu casa. Te demostraré que estoy presen- te. Te amo, Jesús. Quisiera poder complacerte. ¡Altar! Sigue extrayendo deMí y conservan- doMi Llama ardiendo vivamente en ti. 13 de mayo de 1987 (Ayer 12 de mayo, por la noche, subiendo las escaleras, al cruzar el descansillo me detuvo un intenso olor a incienso. El olor llegaba hasta el segundo piso. Estaba sor- prendida. Fui a preguntar a mi hijo si ha- bía encendido un dispositivo contra los mosquitos, aunque no olía en absoluto como un insecticida, sino como puro incienso de iglesia. Me respondió que no. Dejé de lado este incidente y me dediqué a otros queha- ceres. Una hora más tarde quise ir al estudio donde escribo, en busca de un lápiz y, al entrar, ¡el intenso y maravilloso olor a in- cienso me llegó de nuevo, bañándome por completo! Me alejé de ese preciso lugar para ver si seguía oliendo en otro sitio, pero no, no olía en ningún sitio salvo donde lo había olido por segunda vez: de nuevo es- taba allí, envolviéndome.) ¡Oh, bienamada! Cuando te cubría con Mi perfume, te estaba bendiciendo al mismo tiempo. ¡Oh, Jesús! ¿Eras Tú? Sí, sentiste Mi Presencia: esa era Mi señal 1 . El incienso viene de Mí. ¡Si al menos hubiera estado segura esa no- che! Te daré otras señales de Mi Presencia, flor Mía; pero estate alerta. Jesús, miAmor, mi Aliento, mi Vida, mi Alegría, mi Suspiro, mi Reposo, mi Santo Compañero, mi Salvador, mi Vista, mi Todo, ¡Te amo! Vassula, ámame ardientemente, aniquílate en Mi Cuerpo, adórname con palabras tiernas, con palabras cariñosas. Haz que Mis dolo- res disminuyan, aliviaMis Llagas, bañándo- las con palabras amorosas. 1 Jesús predijo el día anterior que me daría una señal de Su Presencia. Cuaderno 11
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=