La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 672 “¿Quién en los cielos puede compararse a Él? ¿Quién entre los hijos de Dios puede rivalizar con Él?” 1 Ahora, sé como una lámpara y brilla, glori- ficándome. ¡Levántate y defiendeMi causa! Ah,Vassiliki, te diré todo lo que debes hacer y lo harás con mucho ánimo. Nadie te va a engullir y sabrán que Yo Soy camina conti- go. Mi Cruz te conducirá a la santidad. Habla sin temor. Todo lo que te daré vendrá de la Sabiduría, por tanto sé diligente y sírveme ahora, pequeña Mía, siempre tan preciosa paraMí... Mora enMí y no temas.Yo, Yono te abandonaré jamás. Predica de lamanera en queYo te he predicado a ti. Levanta del modo en que Yo te he levantado y haz discípulos de laVerdad... Ecclesia revivirá. Paz. Ora y alábame. ¿Nosotros? ¡Sí! Yo, Jesús, te bendigo por la constancia de tu trabajo. IC. 25 de mayo de 1993 ¡Elí! ¡Oh Elí, Dios mío, por Tu gran bondad ven a defenderme! Tú que me levantaste de la tumba, no me escondas Tu Santa Faz. ¡Ven a mi lado! ¿Por qué Te siento tan lejos de mí? A muchos les parezco un enigma, un fenómeno, pero Tú Mismo me pediste que fuera Tu Eco, ¿no es así? Entonces, ¿por qué Tu Eco incomoda sus oídos cuando proclamo abiertamente Tus maravillas? ¿Es Tu inmenso Poder lo que les asusta? ¿Es Tu ingente Fuerza lo que les hace temblar? ¿Es Tu Voz, resonando desde el cielo alrededor de la tierra, en cada nación, en cada ciudad, lo que les atormenta? ¿Es Tu majestuosa procesión, revelada tan poderosamente, lo que les deja sumidos en temor reverente? ¿Es porque clamo a voces, por los cuatro confines de la tierra, que el Cielo diluviará pronto con Tu venida y que hay que arrepentirse rápido, por lo que están espantados? ¿O es por Tu lluvia de Bendiciones y de Misericordia por lo que tienen dudas? Dime, ¿son los Gritos de Angustia de un Padre lo que no pueden captar? Tus Gritos de Unidad, Paz y Reconciliación resuenan en el cielo y en la tierra, pero ¿quién los escucha? ¿Quién puede comprenderlos? Su carne se pudre bajo su piel, sin embargo, cuando Tú gritas ‘¡Salvación!’, nadie escucha... ¡Ah! Elí, hay tantos que esperan que yo pueda estar inducida en el error y que me dirija hacia mi ruina, porque nunca han entendido que la mano de un pecador puede estar agarrada de Tu mano. ¡Oh Elí!, ellos nunca han entendido por qué Tú y yo corremos con ansiedad por todas las esquinas de las calles, despertando a los muertos, por qué esta colaboración, por qué se me envía a las encrucijadas de cada ciudad para anunciar que Tu Reino está al alcance de la mano. Por tanto, ¿de qué se me acusa? ¿Por qué se me teme y se me repudia? 1 Sal 89,6. Cuaderno 66
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