La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 649 Cuaderno 64 amo”. Lo que se lleva a cabo en estos días, no ocurre sin sufrimiento ni sacrificio. Yo mantendré viva la Devoción a Mi Sagrado Corazón y todo cuanto he enseñado a pro- pósito de ella. Ésta es Mi Propia promesa.A ti se te ha concedido presenciar el resurgi- miento deMi SagradoCorazón para que pue- das dar testimonio. Ser el sacrificio de Aquel que quita vuestros pecados es un privilegio. Acepto el testimonio que Me estás dando en Mi Espíritu.Así, lo que estás viendo con tus propios ojos es la culminación de vuestros tiempos. 17 de enero de 1993 (Víspera de la Semana de la Unidad – Los Ángeles) Señor, oro como Tú lo hiciste: Que todos seamos uno, como el Padre está en Ti y Tú en Él, para que el resto del mundo pueda creer que fue el Padre quien Te envió. También ruego por esto: por las ovejas que no son de Tu Redil, para que ellas también escuchen Tu Voz. Ruego por los musulmanes, los judíos y los demás, para que, de hoy en adelante, lleguen a amarte. Amén. Te he oído, te he oído, amiga Mía. Al final todos Me adorarán. 18 de enero de 1993 (Sacramento) (Hoy es mi cumpleaños y primer día de la semana de la Unidad, también fue en otro tiempo la Fiesta de la Cátedra de San Pe- dro. Hoy me han invitado a hablar en la Catedral del Santísimo Sacramento, por el muy santo obispo Francis A. Quinn. Por la tarde, justo antes demi intervención, los que me invitaron me ofrecieron un regalo. Al verlo sentí que venía de Jesús, porque Él me había dicho estas palabras el 21 de octu- bre de 1992: ...“Alégrate y exulta, porque, cuando te toque, te pasaréMi Cáliz...Me pro- pongo traer nación tras nación a vivir bajo Mi sombra y creer que el PadreMe ha envia- do. Sí, llegará el Día en que todos los dirigen- tes de la tierra, los gobernantes y los hom- bres influyentes, la población entera, Me reconocerán como el Cristo, el Hijo de Dios Vivo. Y en todas partes, los hombres levan- tarán las manos reverentemente en oración y adoración, todos a una sola voz y con un solo corazón...”. Y esto es lo que me regalaron: un Cáliz bañado en oro. Grabadas en él, están estas palabras: Que todos sean uno Fiesta de la Unidad Cristiana. 18 de enero de 1993. Luego, los dos obispos presentes celebra- ron Misa después de mi plática. Cantó el coro de la catedral y todo fue majestuoso. Utilizaron mi cáliz durante esa Misa por la Unidad, consagrando en él la Preciosísima Sangre de Cristo. Cuando estaba dando mi plática en la Catedral, y miraba a la multitud que se ha- bía reunido, estimada en unas 1.800 perso- nas, me sentí triste. Allí estaba yo, enviada por el Señor para dar una plática sobre la Unidad, frente a quizás un 98% de católi- cos, “pero ninguno de los míos 1 estaba con- 1 Los greco-ortodoxos. Había oído que el obispo greco- ortodoxo había prohibido a sus fieles asistir a mi reunión. ΙΧθΥΣ

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