La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 582 Ahora os pregunto, con Lágrimas en los Ojos, decidme: ¿Qué le pasó a Mi rebaño? ¿Dónde están Mis pastos perennes? ¿Por qué están cautivos Mis hijos y Mis hijas? ¿Dónde está la juventud de hoy? ¿Por qué se ha convertido en hedor la fragancia que os di? Lloro por vosotros. Lloro por vuestro excesivo orgullo... Vuestro excesivo orgullo ha hecho que Mi Iglesia parezca una tumba abierta. Pero vosotros también seréis sub- yugados. Mi Fuego está ya próximo. Os haré bajar de vuestra gloria... Y cuando pre- guntéis: “¿Qué ha pasado?”, os diré enton- ces: “Mi Reino os ha sido arrebatado y ha sido entregado a un pueblo que producirá ahora sus frutos” 1 . Es el Espíritu quien da la vida. ¿Seguro que tenéis el suficiente respe- to a Mi Espíritu Santo? Entonces ¿por qué ofendéis a Mi Espíritu Santo, persiguiéndo- lo? Juzgad por vosotros mismos lo que estoy diciendo. ¿Por qué se separan vuestros jó- venes de la Madre Iglesia para seguir una fi- losofía de segunda clase? Habéis hecho bien en recordar a Mi Espíritu Santo tan constan- temente y en mantener las tradiciones tal y como Yo os las transmití. Sin embargo, ¡ha- bláis sin amor y estáis cegados por vuestro celo! ¡Habéis perdido la capacidad de pene- tración en Mis Misterios por culpa de vues- tro celo! No habéis leído: “Subsiste un resto, elegido por gracia. ¡Por gracia, daos cuenta, nada que ver por lo tanto con las buenas obras, o la gracia no sería en absoluto gra- cia!” 2 . Os amo a todos, pero no sin sufrimien- to, porque estáis poniendo objeciones a los dones de Mi Espíritu Santo. No estáis po- niendo objeciones a una autoridad humana, sino a Mí, vuestro Dios. Os recuerdo una última cosa: un díaMe ve- réis cara a cara y os pediré que Me rindáis cuenta del modo en que cuidasteis de las al- mas queYo os había confiado. Aún hoy Me tomáis por mentiroso, porque ya no creéis en el testimonio que os di a todos acerca del Recordador deMi Palabra: Mi Espíritu Santo Limpiad vuestros corazones y los cielos bri- llarán sobre vosotros. Desde lo alto, te he estado observando, Ciudad de la Tradición. Has practicado la observancia exacta de la Ley de Mi Iglesia Primitiva, pero hoy estás cegada por la ostentación y prestas poca atención, o ninguna, a las cuestiones de ma- yor peso de Mi Ley: ¡Misericordia! ¡Amor! ¡Humildad! y un espíritu de Perdón... Mi aflicción es grande y gimo interiormente mientras espero que busquéis los dones mayores de Mi Espíritu. Estoy cansado de veros predicar cosas espirituales sin espiri- tualidad. Si hubierais entendido las profun- didades y las cuestiones de más peso de Mi Espíritu, hoy habriais aceptado también los dones deMi Espíritu, pero el orgullo que lle- váis dentro Me lacera incesantemente. Os he confiado miles de almas para ense- ñarlas y ayudarlas con delicadeza, condu- ciéndolas a Mi Corazón, recordándoles Mi Ternura, MiAmor yMi gran sed de ellas. Pero vosotros las juzgáis prematuramente y las lle- náis de cargas que son insoportables, ¡car- gas que vosotros mismos no movéis ni un dedo para levantar! En Mis días, Yo era la piedra de tropiezo, y hoy, nuevamente, Mi Espíritu Santo es: –la piedra de tropiezo– para muchas de Mis almas sacerdotales. Los Ojos del Señor, os digo, no se vuelven sólo hacia los rectos y los virtuosos. Mis Ojos también se vuelven hacia los miserables y hacia los que vosotros consideráis indig- nos. Las estrellas del cielo caerán pronto sobre la tierra y los poderes del cielo se estremece- rán, y vosotros seguiréis sin daros cuenta. Esta tierra desaparecerá pronto y los nuevos cielos y la nueva tierra estarán sobre voso- tros, pero vosotros seguiréis huyendo de Mi Espíritu. No obstante, ¡si, aunque sea hoy, 1 Mt 21,43. 2 Rm 11,5-6. Cuaderno 58

RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=