La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 55 Conmigo? 1 Ven, descansemos el uno en el otro. 7 de abril de 1987 (Siento como si esta enseñanza entera me estuviera presionando y que estoy sola con la Palabra de Dios, que pesa enormemente sobre mí, sin tener dónde descargarme. ¡No sé qué hacer! Me siento indescriptiblemen- te incapaz y sola, sola con este peso.) Vassula, ¿te abandono Yo jamás? Yo soy Dios, apóyate en Mí, confía en Mí. Debería hacerlo, sí, pero hay momentos en que esto me sobrepasa. No lo puedo reme- diar. Me siento responsable. HijitaMía, ten paciencia, confía enMí, ven a Mí,Yo te confortaré. Te amo, Padre, más de lo que puedo expre- sar. (Sentí hasta qué punto estaba dispuesto a consolarme.) Te amo, hijaMía. Mis sufrimientos te los haré sentir cuando se aproxime Mi Crucifixión. Vendré a ti y te dejaré Mis clavos y Mi corona de espinas. Te daréMi Cruz. Bienamada, comparte Con- migoMis sufrimientos. Tu alma sentirá la an- gustia que Yo padecí, tus manos y tus pies sentirán los dolores atroces que Yo sufrí. Vassula, te amo y, puesto que eres Mi espo- sa, deseo compartir todo lo que tengo conti- go. Créeme, estarás Conmigo. No tengasmie- do porque Yo, Jesús, estoy contigo. Ven, irás comprendiendo por etapas cómo obro Yo. Recibe Mi Paz, bienamada. Yo he preparado un lugar para ti. 8 de abril de 1987 (Hoy tengo cosas que hacer, pero no pude dejar de escribir a Dios. Así que, apresura- damente, pedí a Jesús: “Una palabra, Se- ñor, sólo una palabra”) ¿Una palabra,Vassula?AMOR. ¡Te amo! (Cuando le pedí “una palabra”, esperaba al menos una pequeña frase...) 9 de abril de 1987 (Durante mi estancia en Suiza me pregun- taba cuál llegaría a ser un día mi casa. Es- tábamos aún buscando, dando vueltas y vueltas... Vi a Jesús señalando Su Corazón.) Siente Mi presencia. Tu hogar está aquí... ¡justo en el centro de Mi Corazón! Hija, glorifícame atrayendo almas aMí. (Mi hermana mayor se enteró por primera vez de este Mensaje. Leyó los últimos cinco cuadernos. El efecto fue tal que puso fin a una disputa familiar de ocho años con nues- tra prima hermana. Han vuelto a ser bue- nas amigas. Yo no dije jamás una palabra. Después volvió a Rodas, donde ella vive. Esa misma noche habló con su marido que se impresionó más que ella. Leyeron juntos los cuadernos V y VI y se fueron a dormir. Pero él no podía hacerlo. Empezó a rezar y a pedir a Dios que perdonara sus pecados. Entonces ocurrió un milagro ¡Dios le dio la misma visión que a mí! La del pre- cioso jardín con aquel “sol” alrededor, guardado por millones de ángeles. Dios le hizo penetrar, como a mí, en el interior de esa luz redonda, y cuando sintió tan cerca la presencia de Dios, empezó a tiritar y a llorar, y despertó a mi hermana para con- társelo. Estaba asombrada. No pudieron esperar hasta la mañana siguiente para decírmelo. 1 Yo haré Tu voluntad. Cuaderno 10

RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=