La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 499 13 de abril de 1991 Señor, nuestra división, y hablo ahora sólo de la división entre ortodoxos y católicos, ¡es un verdadero escándalo! ¡Cómo es po- sible que nosotros, los cristianos, sigamos divididos, y no sólo con una división tem- poral, sino con una división duradera, con raíces profundas, basada en conflictos que son tan absurdos! Cada uno siendo rival del otro y algunos de nosotros alimentando aún ira y odio. ¿Cómo es posible hablar con in- tegridad cuando todavía existe una vieja querella sin resolver en nuestros corazo- nes? ¿Podemos realmente mirarte cara a cara y afirmar que estamos reconciliados con nuestros hermanos y que podemos ve- nir a Ti con la conciencia limpia, para pre- sentarte nuestras ofrendas sobre Tu altar? No, no podemos hacerlo mientras vivamos bajo Tu Santo Nombre sin estar reconcilia- dos, no podemos afirmar que venimos a Ti con la conciencia tranquila. Sin embargo, todos sabemos que Tu ma- yor deseo, querido Jesucristo, es la UNI- DAD, pero aún nos aferramos firmemente a las barreras que nos separan, y parece que no somos lo suficientemente honestos para decir: “No estamos dispuestos a doblegar- nos porque somos nosotros los que deten- tamos la auténtica Fe y la Verdad”. ¿No hemos comprendido cuánto más Bella luci- ría Tu Esposa si nos uniéramos? ¿Cuánto más Poderosa podría volverse la Iglesia? ¿Cuánto más podría progresar? ¿Cuántos más Frutos podría producir? Ahora la Iglesia está como estancada. ¿Podemos honestamente decir que está pro- gresando y ganando almas, cuando vemos diariamente, ante nuestros propios ojos, que alma tras alma abandonan a tu Esposa por filosofías de segunda categoría. Sí, sectas esotéricas, como la Nueva Era, los Testigos de Jehová y otras. Sin embargo, siento que esas personas Te están buscando, por eso, ayúdalas a encontrarte... Ah, paloma Mía, no te he estado enseñando en vano... Esas personas no han comprendi- do aún queYo necesito su corazón para unir- las. Yo necesito su corazón para reconstruir dentro de él Mi Iglesia en Una Sola. La uni- dad se hará por el corazón. Mira, te he encargado dar testimonio a un pueblo que no es el tuyo, pero muchos de los tuyos aún no han comprendido por qué la Sabiduría te ha enviado a extranjeros. Tu pueblo cree que te has rendido a los extranje- ros: no se han dado cuenta de que soyYo, el Señor, quien ha unido tu corazón al de ellos. Doble, ciertamente, es tu cruz, hijita Mía, ya que también te rechazan algunos de los ex- tranjeros, retándote incesantemente a que te conviertas en uno de ellos. Al permanecer como eres, estoy dando a ambos una lección: estoy enseñándoles cómo debéis uniros y cómo será la unidad. La unidad es no diferenciaros entre vosotros bajoMi Santo Nombre, la unidad es compar- tir la Sagrada Comunión y creer en Mi Pre- sencia real en la Sagrada Eucaristía. La uni- dad, hijita Mía, es daros unos a otros vuestras riquezas. “Señor, enséñanos que, al juzgar, pensemos en Tu bondad y, al ser juzgados, esperemos misericordia” 1 . Ah, hijitaMía, tu carrera no ha terminado aún, pero recuerda queYo estoy delante de ti y tu Madre está a tu lado para animarte, y pegado a tus talones, tu ángel de la guarda para pro- tegerte. Escúchame: entre hermanos, el líder de ellos merece ser honrado, de modo que honrad a Mi Pedro. Esto es sólo un recorda- torio delAltísimo. Ahora sé que nunca seré abandonada. Tú has dirigido mi alma hacia Ti; he extendido mis manos hacia el Cielo y Tú me has levantado; mi alma se alegra en Ti. ¡Ojalá hagas también por mis hermanos lo que has hecho por mí! 1 Sb 12,22. Cuaderno 51
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=