La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 47 Lo haré si se trata de Ti, Jesús. Yo soy Jesús, tu Salvador. Sufriremos juntos y juntos nos esforzaremos.Ven aquí, apóya- te en Mí. Vamos, leamos juntos. (Más tarde.) Estoy aquí.Vive paraMí, glorifícame amán- dome. Vamos, todo es por Mis intereses de Amor y de Paz. No Me niegues jamás. El maligno tratará siempre de entrometerse para impedir Mis designios, peroYo prevaleceré. Así pues, confía en Mí. Pero, Señor, ¿puedo quejarme de algunas cosas? No tengas reparos Conmigo, Vassula. Quisiera decirte lo que me preocupa. Pro- bablemente todo lo que yo pienso o digo está equivocado, así que, haga lo que haga, lo haré mal. Es cierto que no tengo ningún apoyo auténtico. Estoy aquí, escribiendo mensajes que recibo de Ti. Aparentemente otras personas han recibido, igual que yo, otras enseñanzas o mensajes que vienen de Ti. Pero esas personas se hallaban sobre todo en monasterios o conventos, rodeados por religiosos, sacerdotes, obispos, etc. Cuando esta intervención sobrenatural les acontecía, eran observadas cuidadosamen- te y seguidas de cerca, y luego les resultaba fácil remitir los escritos a sus superiores, y de allí al obispo y después al Papa. Todos lo aceptaban como viniendo de Ti. Puedo estar equivocada, pero les parecía más fácil aceptarlo de alguien de su propio círculo, que conocían bien, y por tanto lo publicaban, al menos en parte. Los escritos eran aprobados 1 . ¿Pero y yo? Me he acer- cado a sacerdotes que resultan ser católi- cos, cosa que para mí, greco-ortodoxa por bautismo, no tiene importancia. Incluso si yo fuera católica y los sacerdotes protestan- tes, yo no haría distinción. Somos todos cris- tianos. Varios sacerdotes conocen ahora estos escritos. Sus reacciones difieren entre sí como la noche y el día. Uno de ellos, hasta el día de hoy, dice que se trata del maligno; dicho de otra forma, que estoy poseída, puesto que me posee un espíritu. Pero yo sé que se trata de Ti, Dios Todopoderoso. Ese sacerdote, después de leer una parte, se ha formado una opinión que no quiere cambiar por nada. Cuando comprenda que no estoy poseída, argumentará que es mi subcons- ciente. Cualquier cosa menos Tú. Después, la reacción de otro sacerdote fue: “Sí, continúa escribiendo porque esto es divino, es de Dios”. Luego cree que son palabras de Dios. Pero está demasiado ocu- pado para preguntar o incluso para hacer un seguimiento y enterarse de la “continua- ción”. Eso es lo que me asombra: si cree que Dios está tratando de expresar un mensaje, ¿por qué entonces no se preocupa más de enterarse de qué se trata? Un tercer sacerdote a quién informé y que escuchaba con deferencia, mirando de vez en cuando su reloj, dijo luego: “Bien, sigue, es maravilloso, continúa escribiendo”. Le pedí que volviera en cualquier momento para hablar sobre ello. No volví a verle ja- más. Luego fue informado otro sacerdote y dijo, después de leer sólo una página o dos: “No quiero expresar ninguna opinión, pero nosotros los católicos estamos advertidos de que el maligno actúa también del mismo modo 2 ; no es que yo diga que se trata del maligno, pero se nos indica que tengamos cuidado”. Muy bien, dije, pero puesto que todo el mundo está de acuerdo en una cosa, y es “que esto es sobrenatural”, ¿por qué no se toma entonces más en serio para en- tenderlo y aclararlo? Después de todo son personas que busca a Dios. 1 Y esas personas se sentían aliviadas, pues la Palabra reci- bida puede resultar un gran peso. 2 Quizá, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Hasta que las multitu- des regresen a Dios? Porque ya ha vuelto a Él muchísima gente, y es sólo el principio... Cuaderno 9

RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=