La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 413 Buscadme con el corazón y no con la men- te. Imitadme a Mí, vuestro Dios. Seguidme, pisando Mis Huellas. Preguntaos esto antes de hablar: “¿Qué habría dicho Cristo en esta situación?” O: “¿Qué habría hecho Cristo en esta situación?”. Pensad dos veces antes de abrir los labios. No dejéis que vuestros labios sean la causa de vuestra caída. No dejéis que vuestro carácter os extravíe. Imitadme y sed el perfecto reflejo deMi Imagen. Aunque seáis incapaces de orar conve- nientemente, Mi Espíritu orará por vosotros. ¿Lo veis? Yo no os abandono jamás...Aun cuando no llegáis a apreciar Mi granAmor, en virtud de Mi Santo Nombre, Me inclino aún más hacia vosotros, para levantaros has- ta Mí, y por Mi amorosa benevolencia per- dono vuestros pecados. En el mismomomen- to en que abrís la boca para invocarme, corro hacia vosotros y pego Mi Oído a vuestros labios... y cada palabra que pronunciáis con- suela Mi Corazón y Me llena de gozo. Volved a Mí de todo corazón y haced que vuestras oraciones lleguen aMí, pues no son los que Me dicen “Señor, Señor” quienes entrarán en el reino del cielo, sino la persona que hace laVoluntad de Mi Padre del cielo 1 . Así pues, hablad con amor yYo os escucha- ré, dad con amor yYo os conoceré, orad con amor y las puertas de Mi Reino se osabrirán para recibiros. Obrad con amor para queYo pueda deciros: “Tú eresMío, eresMi simien- te, ¡ven a tu Padre!”. Yo soyAmor, y todo el que vive en el amor, vive en Mí yYo en él. Haced laVoluntad de Mi Padre que está en el Cielo, a fin de que entréis enMi Reino. Recordad que la Raíz del Árbol deVida es elAmor. Orad más de corazón, hijos Míos, y tened la seguridad de que Mi Oído está junto a vuestros labios. Yo os bendigo y bendigo cada paso que deis. ElAmor os ama. Recor- dad Mi Presencia. Os dejo Mi Suspiro de Amor en vuestras frentes. Sed uno. (Más tarde:) Los hombres se han envilecido y se han de- generado... Si al menos renunciaran a su lo- cura... Ora, hija Mía.Apesar de todo, aun en vuestro estado de degeneración, os amo y lloro por vuestra atrofia. (Yo había estado con Jesús, recibiendo Su dictado. Cuando Él acabó de dictar, me le- vanté muy de prisa sin bendecirle ni alabar- le, para ocuparme de otras cosas. En mi necedad, Le traté como si fuera un ser hu- mano cualquiera que dicta un mensaje, ol- vidando en cierto modo Su Divinidad. Sen- tí una gran vergüenza y volví corriendo a Él, a rogarle que me perdonara. Cuando me dijo todo esto, no parecía sorprendido sino tranquilo, aunque triste.) 14 de mayo de 1990 Señor y Redentor, escucha mi oración, escucha, Señor Todo-Misericordioso. Mis oraciones son verdaderamente raquíticas. Yo soy pobre e indigente, pero estoy aquí, y desde este desierto imploro Tu ayuda. Tú conoces nuestras necesidades y seguramente has oído las súplicas de los moribundos. ¡Una sola Bendición de Ti, Señor, bastará para sanarlos! Yo te he sacado de Egipto, tú no tienes más que abrir la boca para queYo la llene.Yharé lo mismo con todos tus hermanos. 1 Mt 7,21. Cuaderno 42 ΙΧθΥΣ ΙΧθΥΣ
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