La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 402 (Más avanzada la tarde:) Señor mío, ¿dónde estás? ¡No Te veo! Pequeña, estoy en tu corazón. 2 de abril de 1990 Quiero conservar siempre mi amor por Ti. Sé que no puedo detectar mis propios fallos. Por eso he venido a pedirte que me guardes de toda tendencia perversa. Líbrame del pecado grave. Permíteme, dulce Yahveh, refugiarme en Ti. Bienamada de Mi Alma, Yo te concederé la seguridad que anhelas, puedes estar conten- ta. Elige siempre lo queMe agrada. No temas jamás,Yo Soy está a tu lado. Deseo de ti amor, obediencia, anonadamiento, humildad, doci- lidad, y así conseguirás desarmar al odio, la desobediencia, la pomposidad, la vanidad y la maldad. ¡Alégrate, alma! No mires hacia atrás, mírame aMí, mírame de frente y aban- dónate a Mí. Mi venida está próxima y todo el que Me teme aMí, el Señor, lo entenderá. Mi Espíritu está sobre ti, amadísima Mía. Yo que te he criado, te recordaré siempreMiAmor. ¡Sién- tete feliz! ¡Siéntete feliz! ¡Alégrate! ¡Alégra- te, te digo! ¡Permite aMi Espíritu obrar en ti! Yo soy capaz, a pesar de tu extrema debili- dad, de lograrlo todo. Cuanto menos seas tú, tanto más SoyYo.Acepta Mi Gracia y borra tu pasividad. La Paz esté siempre contigo. Acaríciame con tu corazón, noMe descui- des jamás. Yo te enseñaré muchas más co- sas. Te pondré al corriente del verdadero Conocimiento. Aprenderás de Mi Boca. La Sabiduría viene ante ti y es tu Educadora. Todo lo que hagas, hazlo con amor. Embelle- ceMi jardín, embelleceMi Cabeza, reempla- zando la Corona de Espinas por una Corona de Rosas. Yo, el Señor, espero con gran impaciencia el día deMi Gloria. 3 de abril de 1990 Suspiro por Ti, Jesús, mi Salvador, Tú que me has arrebatado del abismo. Sé que me tratas con ternura y que si me haces sufrir es para educarme mejor. ¡Sé de nuevo mi Salvador! Renueva mi alegría. ¡Arranca de mí todo mal, ya que Tú estimas la Santidad y la sinceridad del corazón! Ten paz, hijitaMía. El sufrimiento esMi Don a ti, para santificarte.Yo seré la suave tortura de tu alma desnuda, el tormento de tu men- te 1 , la insaciable sed de tu boca, el latido de tu corazón.Abre tus ojos, alma, y sigue ade- lante en el camino de la santidad. Ofréceme tu voluntad… ¡Abre los ojos y mira, alma! Mira la huella que he dejado tras de Mí... Mi Camino está marcado con Mi Sangre. Sigue esas huellas y te conducirán hasta Mí. No busques ningún aliado, ni preguntes: “¿Qué es esto?”, o “¿Qué es aquello?”. Mi Fuerza sostendrá tus caídas. Ven hasta Mí, alma, y Yo te ofreceréMi Cáliz.Vassula, no rechaces Mi Cáliz.AunqueMi Cáliz sepa amargo, bé- belo. Bebe para darme Gloria yYo derramaré sobre ti Mis Bendiciones como si fueran mi- rra. Escucha, Vassula, hija Mía, aunque estés rodeada de enemigos Míos, tú permanece- rás incólume, de modo que no temas. Por el contrario, avanza, sigue las huellas de Mi Sangre y no mires ni a tu izquierda ni a tu derecha.Yo estoy delante de ti, esperándote para santificarte.Ven, ven sola. No quiero en- contrar rivales en ti. En consideración al GranAmor que te ten- go, comemenos en estos días de purificación. Yo soy tu Redentor que está al final de este 1 Es decir la sed de Dios y el sufrimiento de no estar ya en el cielo con Él. Cuaderno 41

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