La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 396 especie de rapto, y me encontré participan- do de la agonía de Jesús en Getsemaní. Estuve así hasta la última “avemaría”. Lue- go, cuando (…), que seguía rezando, empe- zó el segundo misterio, la Flagelación, me vi lanzada violentamente sobre la alfombra, postrada, con los brazos un poco por enci- ma de la cabeza. Sufrí la flagelación. Mi cuerpo se sacudía violentamente cada vez que el “látigo” caía sobre mí. Esta primera vez nuestra Santa Madre me iba preparan- do para cada misterio. Y así, soporté toda la Pasión hasta la Crucifixión, pasando por las angustias y los sufrimientos de Jesús. No tenía sufrimientos físicos: todos los dolores eran interiores. Al cabo de una hora aproximadamente sufrí de nuevo toda la Pasión. Después, ha- cia las 6.30 de la tarde, sufrí una vez más la Pasión entera, más violentamente que nunca.) Este Don se te concede ahora debido a Mi Amor.TúnohasmerecidoMiDon.Sinembar- go, Yo soy tu Dios y paso por alto todas tus debilidades. Te he perdonado tus pecados. 19 de febrero de 1990 Ah,Vassula.... Mi Espíritu deAmor invadirá todo tu ser. Deja que Mi Espíritu descanse en ti y experimentarás grandes maravillas. ElAmor te ama. 20 de febrero de 1990 (Hoy de nuevo, mientras rezaba losmisterios dolorosos, experimenté parte de la Pasión del Señor. Viví en parte la agonía de Jesús en Getsemaní y en parte la Crucifixión.) Hijita, penetra más profundamente en Mis Llagas. Escucha los Latidos deMi Corazón... Mi afecto por ti se ha convertido en locura hasta el punto de que ahora quiero que par- ticipes Conmigo deMi Pasión. Ámame como Yo te amo. Mi Pasión se repite todos los días. Aquellos que no siguen ya Mi Camino me arrastran cada día por el camino del Calvario. Mi agonía se multiplica cuando veo a Mis hijos dirigiéndose al fuego eterno. Mi Cora- zón se anega en dolores intolerables al ob- servar tanta ingratitud en esta tierra. Mi Cuer- po es flagelado sin misericordia alguna. Estoy sufriendo. Sin embargo,Yohabía lle- nado sus casas de cosas buenas, les había dadoMi Paz. Los he amado y los sigo aman- do con Pasión y, a pesar de todo, son esos mismos los que Me coronan con una corona de espinas. Estoy ante ellos como unMendi- go, conMi Corazón en laMano, suplicándo- les. Pero, envezdedirigirmeunamirada ama- ble, se burlan deMí,Me escupen y semofan. Me golpean en la Cabeza yMe arrastran con violencia al Monte donde vuelven a cruci- ficarme. Yo desfallezco poco a poco y Mi Sangre se derrama sin parar. Soy crucificado de nuevo cada día por los pecadores. Nece- sitodescansar. ¿Me dejarás hacerlo?TomaMi Corona de espinas, Mis Clavos y Mi Cruz... ¿No tienes nada que decirme? Señor mío Amadísimo mío, Tú que me has confiado Tus Joyas más Sagradas, Tú que me has cubierto con Tu Amor y Tu Ternura, que has derramado sobre mí Tus Enseñanzas como mirra y me has perfumado con Tu Fragancia: yo me lleno de gozo en Tu Presencia. Tú me has dado el Don de Tu Amor. Tú me has dado el Don de Tu Pasión y yo, en mi pobreza, no puedo ofrecerte más que mis bendiciones, mi voluntad, mi alma y mi corazón. Cuaderno 41 ΙΧθΥΣ ΙΧθΥΣ
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=