La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 370 para abrir los ojos de los ciegos, para sacar de la prisión a los cautivos, del calabozo a los que viven en las tinieblas” 1 .Amadísimos hijos, es el mismo Salvador el que os llama hoy. Es el mismo Salvador el que llama a cada uno de vosotros por su nombre para que vuelva a Él. Es el mismo Jesús el que os re- cuerda Sus enseñanzas. Es el mismo Jesús queYo, comoMadre Suya, tuve enMis Bra- zos y envolví en pañales: nacido para servir, nacido para redimiros. Y ahora sigue siendo el mismo Jesús el que os llama para vuestra salvación. Es el mismo Salvador el que os recuerda que todos vosotros Le pertenecéis. Él se hizo visible en la carne y se sacrificó por vosotros, hijos Míos, a fin de liberaros. ¡Venid, pues! ¡Alegraos y llenaos de felici- dad! ¡Venid a proclamar la grandeza de Su Santo Nombre!Venid a ser los gozosos men- sajeros que trasmitan Su Palabra.Yo os amo y, creedme, ¡Mi Manto es suficientemente amplio para abrigaros a todos en él!Venid al Señor, no tengáis miedo de mostrarle vues- tras debilidades 2 . Venid al Señor y ofrecedle vuestro corazón, y Él lo recibirá como mirra, incienso y oro. Nosotros os amamos... Os amamos sinme- dida. Abandonaos a Él. Jesús viene a cada uno de vosotros. Él viene a liberar a los cau- tivos de este mundo y a darles la libertad. Esos cautivos que, como palomas, han sido atrapados y enjaulados por el maligno… Pero Jesús, incansablemente, va de jaula en jaula liberando a cada cautivo. Hijos Míos, vivid de acuerdo con la Ley y losMandamientos Celestiales del Señor, por- que la Ley del Cielo se resume en una sola palabra, y esta palabra esAMOR. Yo, vuestra Santa Madre, intercedo y rue- go por vosotros, día y noche. Os entrego Mi Amor y os bendigo a todos vosotros y a to- das vuestras familias. (Oí de nuevo al Espíritu Santo orando in- cesantemente por mí durante toda la noche y, finalmente, al alba, me pidió que repitie- ra con Él la siguiente oración: “Père aide- moi, car Ta Puissance estAmour.”Me la dio en francés y significa: “Padre, ayúdame, porque Tu Poder es Amor.”) Señor, aunque muchas naciones se hayan hundido en el abismo que ellas mismas han cavado, y sus pies hayan quedado atrapados en los lazos que ellas mismas se han tendido, ten piedad de ellas. Señor, concédeles ser escuchadas, haz de ellas una hornada de pan enteramente nueva que Te glorifique a Ti, Rey mío. Yo te pediré de nuevo, Señor de Amor, Señor de Misericordia, que los que por más que oyeron nunca entendieron, entiendan esta vez gracias a Tu Amor, y los que por más que vieron, nunca percibieron, perciban esta vez por Tu Gran Misericordia, penetrando así en Tu Misterio. Ablanda su corazón para que puedan comprender plenamente con el corazón y no con la mente, y así se conviertan y sean sanados por Tu Divinidad. Entonces se darán cuenta de cuán maravillosos son Tus decretos, y su alma no se resistirá a ellos, sino que los respetará. Amén. HijitaMía,Yo glorificaré de nuevoMi Nom- bre. Tan sólo espera y verás. Esto no es más que el comienzo. Señor, Tú eres como un fuego devorador y yo sé que estás obrando en muchos corazones. Señor, yo vivo para Ti, quédate muy cerca de mí en este exilio. 1 Is 42,7. 2 Nuestra Santa Madre sonreía. Cuaderno 38

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