La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 37 respuesta, ningún amor! No te canses de lle- var Mi Cruz de Paz yAmor. Cuando la llevas por Mí, MiAlma fatigada descansa.Yo nece- sito descansar, bienamada. Jesús, haré lo que quieras e intentaré com- prender lo que me dices. (Por la tarde mi alma se sentía oprimida y triste.) 7 de marzo de 1987 Vassula, Yo, Jesús, te amo. Bienamada, he descansado. Ven, estoy contento. Créeme: ¡Me siento descansado! Trabajemos con Amor y reparemos.Ven, te enseñaré a repa- rar. Yo soy el Elixir deVida,Yo soy la Resu- rrección. Jesús, ¡cuánto deseo que todas las almas Te amen! ¡Debe ser terrible no obtener res- puesta a unAmor tan Grande como el Tuyo! Vassula, Mi deseo está ya implantado en tu alma. Hija, lléname de alegría y aprende a de- cir: “Vamos a trabajar, vamos a hacer esto o aquello”. Utiliza la palabranosotros. ¡Estamos unidos para siempre! Deléitame diciendo: “Padre, hágaseTuVoluntad”. NoMe niegues nada. Hija, hoyMe seguirás a los oscuros domi- nios de Mi enemigo, para que veas cómo sufren las almas que Me rechazaron. Jesús, ¿están perdidas? Las que están en el infierno, sí; pero las que están en el purgatorio se salvan 1 por el amor de Mis bienamados que ofrecen oraciones y reparan. No tengas miedo, porque Mi Luz te protege y Yo estoy contigo. (Me encontré bajo tierra, en una caverna subterránea, oscura, iluminada sólo por el fuego. Había mucha humedad y el suelo es- taba pegajoso. Vi varias almas en fila. Esta- ban atadas y sólo se veían sus cabezas, con caras de agonía. Había un gran estrépito que sonaba como máquinas de hierro fun- cionando; un gran vocerío, martillazos y gritos desgarradores. Delante de aquellas cabezas había alguien de pie, con la mano extendida, llena de lava que lanzaba a de- recha e izquierda sobre los rostros ya hin- chados de quemaduras. De repente, ese hombre –comprendí que era Satanás–, se dio cuenta de nuestra presencia y se volvió, gritando: “¡Miradla!”. Y escupió en el sue- lo con asco y furia, ante la presencia de Je- sús y mía. “¡Miserable gusano! ¡Miradla! Tenemos ahora hasta gusanos que vienen a chupar- nos la sangre. Vete a...”. Luego me dijo: “¡Mira!”. Y volvió a arrojar lava ardiente sobre aquellos rostros. Oí que gritaban: “¡Oh, déjanos morir!”. Después, Satanás, que parecía exactamente un loco, enfureci- do de rabia, gritó: “¡Criaturas de la tierra, oídme: Vendréis a mííí!”. Pensé únicamente que, a pesar de sus amenazas, era un idiota al creer que al fi- nal vencería. Debió leer este pensamiento mío de desprecio porque, muy amenazador, dijo: “¡No soy un idiota!”. Entonces, con una risa maligna e irónica, dijo a esas po- bres almas: “¿Habéis oído que me ha lla- mado idiota? Y, sarcásticamente, añadió: “Queridas y muy amadas almas, os haré pagar sus palabras”. Y se dispuso a arro- jar más lava. ¡Me volví desesperada hacia Jesús, pi- diéndole que hiciera algo! ¡Que lo detuvie- ra! Jesús respondió: “Yo le detendré”. En el momento en que Satanás levantó el brazo para arrojar la lava, éste empezó a hacerle mucho daño, y chillaba de dolor, jurando contra Jesús y luego contra mí: “¡Bruja! ¡Veteee...! ¡Sí, vete y déjanos!”. Voces de almas que se encontraban a las puertas del infierno estaban gritando: 1 Elevadas al Paraíso. Cuaderno 8

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