La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 345 Yo Te bendigo. Te bendigo a Ti, que eres mi Consejero durante las noches, llenándome de oraciones incesantes y orando por mí. Sé que Tú no abandonarás mi alma, puesto que nos revelas Tu Senda de Vida, con nuestra mano en Tu Mano... Sálvanos por Tu Amor. Tú eres la Fuente de nuestra esperanza de ver los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra, Señor. Yo soy la Raíz del Árbol de laVida, y de Mí emana laVida Eterna. Flor, lee las Escrituras. (Jesús quiere que abra la Santa Biblia al azar, porque daré con lo que Él desea que lea. La abrí por Is 40,9.) Léelo y escríbelo: “Súbete a un alto monte, alegre mensajero para Sión; clama con voz poderosa, alegre mensajero para Jerusalén. Clama sin miedo. Di a las ciudades de Judá: ‘Aquí está vuestro Dios’ . Vuestra Nueva Je- rusalén está al alcance de la mano...” Yo, Dios, desciendo a esta era y tropiezo con cadáveres. Todo lo que Yo Me estaba temiendo se ha hecho realidad. Desciendo para encontrar que no hay fe, no hay espe- ranza, no hay amor. Y a Mis corderos, que dejé pastando en Mis verdes Pastos, los en- cuentro muertos de hambre y lamentables a la vista. Viviendo entre los escombros, bus- can algún abrigo y algún alimento; pero no encuentran nada. Con esperanza, levantan piedra tras piedra buscando una migaja o acaso una semilla que poder sembrar, pero en vez de una migaja o una semilla, encuentran escorpiones dispuestos a picarlos y llenar- los de su veneno. Mis corderos andan erran- tes de ciudad en ciudad para encontrar sólo los restos de la que fue en tiempos una Gran Ciudad. Sí, hablo de Jerusalén, pero sólo unos pocos están dispuestos a escucharme. Llamo a cada uno de Mis pastores por su nombre, pero muy pocos oyen MiVoz... Me ahogo, Me asfixio de verlos llenos de pala- bras muertas. Escúchame, hija:Yo te he lla- mado para que sirvas a la causa del bien. Te he tomado de la mano y te he formado para dar testimonio. Te he mostrado la Verdad y he quitado el velo de tus ojos para que veas al que he escogido para sentarse en la Cáte- dra de Pedro, y al que dije un día: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Igle- sia. Y las puertas del inframundo nunca pre- valecerán contra ella.Yo te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra será considerado atado en el cielos; lo que des- ates en la tierra será considerado desatado en el cielo 1 .” Yo había dado estaAutoridad a ese hom- bre, y hoy estáis tratando de derribarlo, de robar su cayado de pastor, a fin de gobernar vosotros con el cetro de la Falsedad y del Vicio. ¿Pedro? Pedro-de-Mis-Corderos, Mi pastor bienamado, Yo sé cuán lacerado está tu corazón y cómo sangra a raudales por cau- sa de esta generación ingrata e infiel. Sé que han hecho de tus ojos una fuente de lágri- mas. Sé cuántos de tus hermanos te han dado la espalda. Estos son, amadísimo Mío, los pastores que no saben nada, que no sien- ten nada. Todos ellos van por su propio ca- mino, cada cual tras su propio interés, sirvien- do a la Locura en vez de a la Sabiduría, a la Lujuria en vez de a la Pobreza, a la Desobe- diencia en vez de a la Obediencia. Yo contemplo desde Mi Cruz a todos los que habitan en el mundo, y os digo a voso- tros que pobláis muchas naciones, que pron- to os llegará la Hora. El tiempo casi se ha aca- bado ya, y no tardarán mucho los días en que paséis vuestras noches llorando, vosotros, pastores infieles, pastores que pecáis contra Mí por infidelidad, vosotros que gritáis ¡Paz!, cuando no hay Paz. Volved a Pedro, todos los que os habéis descarriado en distintas direcciones. ServidmeaMí. ¿Por qué servir a la Impiedad? SedMíos, no del Rebelde. ¿Por qué estáis tan dispuestos a servir al Rebel- de? Hasta los extranjeros, hasta ésos han escuchado Mi Voz y han entendido Mis Pa- 1 Mt 16,18-19. Cuaderno 36

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