La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 299 abandonaré jamás. Me propongo utilizarte hasta el final, cumpliendo tumisión. Permite que Mi Dedo se pose en ti, dejando así que los deseos de tu Dios se graben en ti. RosaMía, te amo.Al venir aMí de estama- nera, estás guardando Mis preceptos, Me estás ofreciendo tu voluntad. Ponme en pri- mer lugar sin contar nunca el tiempo que pa- sas Conmigo. Desea siempre estar en cons- tante unión conmigo. Yo soy tu Vida. Estar unida aMí te favorece.Yo te introduciré más profundamente en Mi Sagrado Corazón y conduciré tu alma a la perfección. Así pues, agrádame de esta manera, aban- donándote en Mis Manos. Ten confianza. Ven, deléitame alabándome. Mi Madre, que también es tu Madre, te protege, te guía y te ayuda. Bendícela, hija Mía. No dejes nunca de orar Te adoro, Dios mío. Adórame siempre. (Más tarde hoy, me sentí extenuada. La ta- rea que Dios me ha confiado me abruma. ¿Servirán de algo todos estos sacrificios, o serán todos en vano? ¿Tendré todavía esta fuerza para continuar así, sin parar? ¿O encontraré todo esto un día demasiado agobiante, y renunciaré?) RecibeMi Paz. Escúchame: la Sabiduría te ha instruido, no temas. Estate contenta de que Yo te haya escogido para compartir Mis su- frimientos. Mi Cruz, siempre tan preciosa, descansa en ti. Yo necesito descansar. Todo lo que tú Me das no será en vano... Nada es en vano. Estoy siendo Glorificado. Sigue siendoMi víctima. Víctima bienama- da, a quien Mi Padre ha concedido el favor decompartirConmigoMiCruzdePazyAmor, tus tribulaciones como víctima no serán le- ves en este mundo. Date cuenta de que tú ya no perteneces a este mundo y que por eso los del mundo te reprocharán no ser como ellos. Olvidando que sus cuerpos se volve- rán ceniza, te ridiculizarán. Ten cuidado en- tonces de no quejarte de nada 1 . Todo lo que te pido es que compartas, que compartas por amor con el Amor. La Copa del Amor sabe amarga, muy amarga, ¿no podrías compartir- la Conmigo? ¡No te resistas a Mí! ¿Alguna vezMe he resistidoYo a ti, al oír tus súplicas desde la tierra?Te aseguro que nada será en vano. Desde toda la eternidad, he sabido que eras frágil, como una rosa que necesita cui- dado especial: Yo estoy cuidando de ti. Podo tus ramas cuando debo hacerlo. Mis Ojos están constantemente sobre ti, guar- dándote celosamente, por temor a que un extraño te arranque. No dejo que nadie te toque, no sea que sus dedos arruguen tus pétalos. Te vigilo día y noche. Yo soy tu Guardián, ten confianza. No permitiré que nadie te haga daño. (Esa misma noche, agotada de nuestro lar- go viaje del día anterior –¡doce horas de automóvil–, me puse a rezar el Rosario de- lante de la estatua de Nuestra Señora de Fátima. Estaba en el cuarto misterio cuan- do, de repente, el manto y el vestido de la estatua se volvieron de un brillo plateado tan intenso que la luminosidad parecía sa- lir del interior de la estatua. Parecía estar viva. Todo duró menos de cinco segundos. Fue precioso, y eso me animó a orar mejor y me hizo muy feliz. Al día siguiente, cuando estaba rezando de nuevo el rosario, mirando la imagen de Nuestra Señora de Fátima, me fijé en Sus ojos y noté que un defecto que tenía en uno de ellos, y que me molestaba, había desapare- cido. Los dos ojos estaban ahora perfectos. Era un defecto pequeño, faltaba un poco de pintura en uno de sus párpados y muchas veces pensé que debía pintar esa línea blan- ca de marrón, y pintar las pestañas que la línea blanca había borrado. Ahora ya no estaba el defecto y ambos ojos eran perfec- tos.) 1 Sb 1,11. Cuaderno 32

RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=