La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 286 sabiendo que, si lo hacía, significaría una Gracia. La Paloma, de color celeste, vino hacia mí. Yo sentía que La amaba y sabía también que ella me amaba. Extendí los brazos hacia Ella y se posó en las yemas de mis dedos. Reinaba alrededor mío una inmensa ale- gría. Algunas personas estaban sorprendi- das, otras esperaban que viniera también a ellas. Pero la Paloma volaba de nuevo al- rededor, sin detenerse, y luego se posó una vez más sobre mis dedos. Yo la tomé cuida- dosamente en mis manos y la estreché afec- tuosamente contra mi mejilla izquierda, jun- to a mi oído, y percibí los rápidos latidos de su corazón. Su corazón palpitaba. Luego me encontraba sola en una carre- tera, en un sendero, caminando. A un lado, todo a lo largo del camino, había unos ex- traños animalillos que se comían unos a otros sin piedad. Sobre el camino, una rata con su presa todavía en la boca, se acercó a mí para asustarme. Yo no tuve miedo y, para demostrarle que la dominaba, apresuré el paso hacia ella. Lo notó y se hizo a un lado; atacó por detrás a una ardilla y la devoró. A unos siete metros delante de mí, cerrán- dome el paso, había una serpiente tendida de un lado al otro del camino. Yo di gracias a Dios por habérmela mostrado, porque era transparente, como de celofán, para que las personas no la vieran, la pisaran y pudiera así morderlas. Yo no tenía miedo y había decidido pasar por encima de ella para evi- tarla. De pronto, detrás de mí, a mi derecha, se acercó otra serpiente, pero distinta, porque era una serpiente que atacaba. También era transparente con un pequeño dibujo en el dorso. Era una serpiente delgada, como uno de mis dedos, pero de unos tres metros de largo. Yo me sentí atrapada. Pero inmedia- tamente mi Padre Celestial me levantó a unos tres metros del suelo. Aún tenía miedo de que esa serpiente tan larga se pudiera erguir y alcanzarme. Entonces mi Padre Celestial me hizo pasar por encima de to- das esas serpientes y me dejó en el suelo, al lado de un amigo. Ambos nos encontrábamos al final del camino. Un muro lo cerraba, era un calle- jón sin salida. Yo volví la cabeza a la dere- cha, porque había oído un ruido. Vi que la primera serpiente buscaba algo. Le dije a mi amigo, que no la había visto: “No te mue- vas, quédate quieto”, evitando decirle que había una serpiente, por temor a que se moviera. Luego vi a la segunda serpiente que llegaba también, acercándose a la otra. Entonces, la primera, hambrienta, atacó fe- rozmente a la más delgada, y la devoró ha- ciendo un ruido repugnante. Yo me sentí ali- viada y en paz, sabiendo que esa serpiente no pensaría ya sino en dormir, dejándonos en paz.) Yo te alimentaré ante los mismos ojos de tus perseguidores. Te levantaré hasta Mí, para que no te pisoteen. Soy Yo quien derramará Mi Rocío de Rectitud sobre ti, ¡y no permitiré que nadie te arranque, flor! Tú estás custo- diada por Mí y estás escondida en los bra- zos de tu propioAbba. No tengas miedo,Yo estoy cerca de ti. ElAmor te ama. 30 de enero de 1989 ¿Señor mío? ¡Oh, Yahveh, cuánto Te amo! Yo soy. Flor, te amo. Mi Espíritu está sobre ti, sien- teMi Presencia. ¡SinMí, estarías aún yacien- do entre los muertos!Yo, el Señor de Mise- ricordia, te he alzado para que, con Mi Mensaje,Yo resucite a esta nación impía. Los días vuelan, las horas corren también a una velocidad tremenda, ¡y Mi Creación está sorda! ¡Sumidos en la Oscuridad, no es- cuchan ni creen en Mis Señales Misericor- diosas! Por MiAmor y Mi compasión os he redimido, os he alzado hasta Mí y os he me- cido en Mi Sagrado Corazón. Yo desciendo del Cielo y, desde Mi SantoTrono, Me incli- no para acercarme a esta generación ingrata, con la sangre de Mis hijos aún fresca en vuestras manos. Sangre, porque os negas- teis a creer enMisMensajes dados en Fátima, Cuaderno 31
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=