La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 281 10 de enero de 1989 (Mensaje para el grupo de oración.) ¡Señor! Yo soy. Todo lo que pido de vosotros es que oréis en santidad. Orad incesantemente, orad con vuestro corazón. Sed buenos los unos con los otros. SedMi Reflejo, Mi ImagenDivina. Sed como espejos reflejando Mi Santidad y Pureza. Que el mundo vea en vosotros que sois Míos, que sois los hijos del Amor, por- que donde está el Espíritu del Señor, está la Santidad y elAmor, está la Luz, está la clari- dad. Así pues, ¡amaos los unos a los otros, amad a vuestros enemigos! ¡Sed perfectos como vuestro Padre del Cieloes Perfecto! Benditos seáis todos, benditos sean los que vienen por primera vez. En verdad os digo: Yo soy la Puerta de la Vida Eterna, el que cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá. Yo soy la Resurrección. Tomad Mi Paz, os ofrezcoMi Paz.Tomadla y propagadla por el mundo. SedMi progenie. Que toda almaMe reconozca en vosotros. (Justo antes de que el Señor me indicara que hiciera público Su Mensaje, alguien vino a ofrecerme una bellísima estatua de Nuestra Señora de Fátima, de 70 cm. de altura. Yo sabía que Nuestra Señora había llegado allí a tiempo para acompañarme en todas mis reuniones públicas. En una de las reuniones organizadas fue- ra de Lausanne, me dijeron que no llevara a Nuestra Señora de Fátima, porque ellos lo habían preparado todo. Esa misma noche, vi en sueños a Nuestra Señora de Fátima, en estatua, delante de mí. Yo le pedí que me diera una señal para saber si había com- prendido bien que Ella había venido para acompañarme en las reuniones. Tan pronto como dije estas palabras, Nuestra Señora abrió Sus brazos y me rodeó con ellos estre- chamente, y se quedó así. Yo me desperté y esa misma mañana Nuestra Señora de Fátima escribió: “Por favor, noMe dejes, llé- vame contigo”. ) Vassula, recibeMi Paz. Lee las señales que el Señor te está dando, disciérnelas y síguelas. Por favor, ayúdame a percibirlas. Te estoy ayudando. Gracias, Santa Madre. (Ayer me enteré de la reacción de un sacer- dote que había oído hablar de mí y había dicho: “Alejaos de ella, ¡es una charlata- na!”. En cierto modo, su comentario me gustó porque se me acusaba de ser una im- postora, igual que Jesús fue acusado por los Fariseos de ser un falso profeta. Y me recor- dó el Mensaje que Él me había dado el 7 de diciembre de 1988. Tantas veces me dijo Jesús que sería censurada, perseguida y escudriñada… Esto sólo confirma Sus pa- labras. Estoy contenta de ser censurada y perseguida por Su causa.) HijitaMía, ora por los que te acusan y te juz- gan, ora para que abran su corazón. Ora por todas las almas que no reconocen las Seña- les Misericordiosas del Señor. Permanece junto a Mí. ¿Nosotros? Sí, nosotros. 1989 Cuaderno 30
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