La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 205 (El alma es lo que cuenta para Dios. Un alma, después de la muerte, sube al Cielo y no se distinguirá si es femenina o masculi- na. Todas las almas serán como ángeles. Jesús mira al alma y no a lo que la sostiene, y así no hace distinción entre Sus elegidos.) Te amo. Camina sobre Mis huellas. Ven, no- sotros. Sí. Señor. 26 de marzo de 1988 “Dios mío, ya no puedo apartar mis ojos de tu Divino Rostro. Mis ojos están fijos en Ti durante horas interminables de adoración, y mi mente no puede desprenderse de Ti, Padre Amadísimo. Cada segundo, en la tierra y en el Cielo, mi mente está absorta en Ti, Contigo. Vivo para Ti, respiro para Ti. Tú eres mi alegría y mi sonrisa. Yo creo, adoro, espero y Te amo infinitamente. Te amo, alma. La paz esté contigo.Adórame. Bendita seas. ¡Mírame de frente, aMí, tuDios y deléitame! ¡He suspirado porque llegara esta hora! ¡Cómo anhelaba traerte junto aMí! ¡Alabado sea Tu Nombre, Señor! En las profundidades de Mi Sagrado Cora- zón, he guardado un lugar para ti. Tu hogar está enMi Sagrado Corazón ¡Ven!Ven aMí. (Jesús me volvió a dar la misma visión que tuve a la edad de diez años, aproximadamen- te, yme dijo las mismas palabras: “¡Ven! Ven a Mí”. Esta fue la primera llamada que me hizo Jesús.) Ven, te amo. Vassula, aférrate a Mí y Yo te guiaré. Me has pertenecido desde el comien- zo. HijaMía, ¿Me amas? Hasta la locura, Señor. Que Me ames Me glorifica y te purifica. Si- gue Mis huellas: te conducirán adonde Yo deseo que estés. Oremos: “Espíritu Santo, desciende sobre nosotros para renovarnos, llena nuestra alma deTuAmor. Descansa en nuestra alma atormentada, y danos la Paz. Envuélvenos con Tus Alas, para protegernos de todo mal. Haznos humildes, guíanos con Tu Luz, para que seamos capaces de ver Tus deseos y así cumplirlos. Amén”. CUADERNO23 29 de marzo de 1988 Jesús, oh Jesús, ¿qué deberíamos responder a los ministros de la Iglesia que hacen bur- la de la palabra “apariciones”? Nosotras 1 nos sentimos impotentes e ignorantes frente a afirmaciones como esta última: “¿Apari- ciones? Buscad La Verdad, pero no en las apariciones”. Esto es lo que le dijo un sa- cerdote católico a mi compañera Beatriz. Ella no supo qué contestar, ni yo tampoco hubiera podido hacerlo mejor. Señor, ¡so- mos impotentes! Flor, Yo te daré la certeza de que Yo soy la Verdad y de que Mi Palabra 2 es la Verdad. Pero muchos de los Míos han olvidado Mis Palabras. Con el corazón endurecido, buscan en las tinieblas. Está escrito 3 que Yo derra- 1 Beatriz y yo. 2 Las Escrituras. 3 Jesús estaba muy irritado, ¡gritaba! ¡Me hacía recordar cómo gritaba a los fariseos aquel día en el Templo! Cuaderno 23

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