La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 146 ( Recé por el hijo de la Sra. X ). Cree en lo que pides. Pequeña, ten fe en Mí. Jesús, ¿puedes ver lo que le pasa? Sí, puedo. ¿No querrías tenerlo junto a Ti, Señor? Lo deseo ardientemente, bienamada. Satanás le tiene agarrado. (Oí a Satanás gritar: “¡Me niego a soltar- lo!” ¡Estaba furioso!). Señor Jesús, si quieres que sufra para atraerlo a Ti, lo haré. ¿Qué puedo hacer? ¿Quizá quedarme sin beber agua durante dos días? (El clima de Suiza es muy seco y se necesita beber mucho.) Vassula, sufre por él, no bebas ningún líqui- do mientras lleves Mi Cruz. Lo haré como sacrificio. Bienamada, más adelante lo entenderás. Cui- da de tu hermano, sacrifícate por él. Yo lo amo. Lo haré, Jesús. 21 de octubre de 1987 (Recibí hoy una noticia desalentadora. El teólogo católico de Lyon en quien había puesto todas mis esperanzas, al enterarse de que no pertenezco a la comunidad católica, perdió su entusiasmo. Dijo que estoy tenien- do una experiencia de Dios, sin comprender que es mucho más que eso: Dios nos está dando un mensaje a todos, incluyendo tam- bién a las autoridades eclesiásticas y a la Santa Sede. Pero claro, ¡por qué iba a creer- me, si, como quien dice, salgo de la nada! Como dije una vez, si yo fuera una de ellos, me habrían aceptado y habrían tra- tado de ver el mensaje. Y esto es precisamen- te lo que Dios trata de enseñarnos: a no hacer diferencias entre nosotros. Estamos todos bajo una sola autoridad, la de Dios. ¿Por qué hacer discriminaciones? Discri- minaciones incluso sobre el carácter de la persona. Yo no llevo hábito pero, ¿qué im- porta? ¿Acaso puedo pedirle razones a Dios? El me ha escogido tal como soy y me quiere de esta manera.) Vassula, estás experimentando las mismas cosas queYo cuando estaba en la tierra, en- carnado. ¿Recuerdas, Vassula, cuando los fariseos Me interrogaron sobre quién Me había dado autoridad para predicar? Sí Señor. Bienamada, el Mensaje viene de Mí. Toda autoridad vendrá de Mí. Tú Me perteneces. ¿He escritoYo en algún momento que tu au- toridad te será dada por los hombres? Peque- ña, apoya tu cabeza en la Sabiduría. (Me angustié y me entristecí. Se me salta- ron las lágrimas y tuve que parar un mo- mento para recuperarme). Mi víctima: te he elegido para ser la víctima deMi corazón, dulce tortura de tu alma. Víc- tima deMi Cuerpo y deMiAlma, por las ne- gaciones, angustias y penas. Vassula, expe- rimentarásMi vida en la tierra.Te lo daré todo en pequeñas dosis, según la capacidad que pueda ofrecer tu alma. Pasarás –y ya has pa- sado– por el descrédito, las acusaciones, las burlas, los rechazos.Vassula, te llegará más, pero, por otro lado, he puesto en tu camino a los que creen enMi Mensaje de Paz yAmor. Ellos son tus testigos. Déjame recordarte que tú también serás traicionada 1 . Vassula, te amo. Yo, el Señor, soy tu apoyo; ven aMí para consolarte. Deja que Mi paz te envuelva.Ven, toda autoridad 1 ¿Por alguien? Cuaderno 17

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