La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 138 y al poco rato fui a la Catedral. Me impre- sionó mucho. Arriba estaba la Sábana San- ta, en la cúpula. Pensé que estaba viendo el más sagrado de los lugares. La paz y la san- tidad reinaban en aquella cúpula. Lo sentí dentro de mí. Fue maravilloso. Más tarde regresé al hotel. Mi prima vol- vió de compras por la noche. Corrí a con- tarle dónde había estado, pero ella parecía volar hacia mí, no quería escucharme, que- ría que yo la escuchara a ella, porque lo que había visto y descubierto era absolutamen- te maravilloso. Me dijo: “Vassula, en esa calle por la que hemos pasado decenas de veces durante muchos años nunca hasta ahora había vis- to una estatua de Santa María. ¡Es enorme! Casi tres metros de altura... ¡Es tan bonita, con su vestido lleno de pliegues y su capa azul! Estaba bellísima y tenía los brazos abiertos como si quisiera abrazar al mun- do. ¡Tienes que venir a verla! Has pasado junto a ella, ¿no la has visto? A cada lado había unas preciosas cortinas de seda bri- llante, rojo escarlata”. Dije que había pa- sado por allí, pero que sólo había visto unas cortinas desgastadas, mitad rojas y mitad amarillas, y que yo no había visto ninguna estatua. Al día siguiente, domingo, mi prima qui- so que fuera a ver la enorme estatua, y yo le dije: “Después de llevarte a la catedral don- de está la Sábana Santa.” Así que me siguió. Estaban celebrando la Misa del domingo. Nos quedamos allí media hora y, después de encender una vela, nos fuimos a ver la gran estatua de Santa María. Llegamos allí y mi prima casi se desmaya, porque no había ninguna estatua, ni grande ni pequeña. No había cortinas brillantes rojo escarlata, sino las desgastadas de color rojo-amari- llento que yo había visto, pero ninguna es- tatua. Ella no lo entendía, pero yo sí. Debajo de las cortinas había una puerta interior. Mi prima la empujó y resultó ser una iglesia. Le dije: “Por esto hemos venido a Turín, para venir a esta iglesia, llamada Nuestra Seño- ra del Rosario: para reparar. Es la iglesia de Santa María. La inmensa y preciosa es- tatua que viste fue para atraernos aquí. Nos llamó Nuestra Madre. Se te apareció como una gran estatua para impresionarte y traernos aquí. Y ella quiere que encenda- mos una vela en Su iglesia, como repara- ción por las palabras del pastor”. Entramos y era una iglesia preciosa. Estaban dicien- do Misa. Nos quedamos hasta que terminó. Nos acercamos a una estatua dorada de la Virgen María y el Niño Jesús, y fue allí don- de encendimos la vela, rogando a Jesús que nos perdonara a nosotras y a él.) Jesús, ¿esto es así? Sí,Vassula, es exactamente como lo has con- tado. Yo te elevaré hasta Mí tan pronto como cumplas tu misión. Mi Alma suspira por ti. Vassula, escucha a Mi Madre: Vassula, dile a Ismini cuánto la quiero. Hijita, le mostré esa imagenMía para atraer su aten- ción y conduciros hasta Mi iglesia. Queri- dísimas hijas, ¡cuánto os amo! Honradnos, bienamadas, honradnos. Reparad por vues- tros hermanos. Recordad lo cerca que estamos de todos vosotros. Vassula, no te desanimes nunca, porqueYo estoy a tu lado. Apóyate siempre en Jesús. Hija, piensa en la Pasión de Jesús. Vive para Él, glorifícale. Sólo con Tu ayuda y la ayuda de Jesús seré capaz de hacer todo eso. Quiero honrarte. ¡Os quiero a todos! Bendice a Ismini.Yo la he bendecido a ella y a su marido enMi iglesia. Te bendigo, Santa María. Yo también te bendigo. (Más tarde:) Perdóname, Señor, por mi total indignidad, mis fallos y mi carencia de todo lo bueno, porque hace que yo te ofenda en Tu Presen- cia. Cuaderno 16
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