La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 115 dome, elevándome a un nivel más alto de meditación, desarrollando mi entendimien- to e infundiéndole una luz sutil 1 , alimentán- dome de percepción.) 10 de agosto de 1987 (Anoche me despertó el Señor y me pidió de nuevo que me abandonara a Él. Mis pala- bras fueron las siguientes: “Gracias, Padre, por haberme mirado a mí, que sólo soy la personificación de los pecados de este mundo. Gracias por Tu Misericordia cuando yo Te negué. Gracias por el amor que me tienes. A pesar de mi culpa, me has levantado hasta Tu Corazón. Permíteme estar cerca de Ti, junto a Tus pies. Permitirme esto es ya más de lo que merezco. Permitirme hablarte es más de lo que merezco. Yo no merezco nada. Padre, me abandono completamente. Sé que no soy nada, pero esta nada Te pertenece. ¿Quieres tirarme a un rincón? Hazlo. ¿Quieres pisotearme? Hazlo. ¿Quieres únicamente que sufra? Que así sea. ¿Me quieres en Tu Corazón? Entonces es más de lo que jamás haya merecido. Cualquier cosa que desees, Señor, yo sólo Te daré las gracias y Te amaré. Utilízame hasta mis últimas fuerzas, si quieres, para ayudar a los demás. Hazme digna para que puedas utilizarme totalmente. Soy tuya y solamente tuya. Soy miserable, pero Te amo”.) (Más tarde:) ¿Jesús? Yo soy. Vassula, fue en agosto cuando co- mencé a enseñarte. Vassula, es una especie de aniversario entre nosotros. ¡Alégrate! Bienamada, es nuestra fiesta, deja que te ponga una guirnalda deAmor. Ven, celébralo Conmigo.Ahora te dejarémarchar 2 , pero ven a Mí para celebrar Mi mes de agosto. (Al decirme esto corrí a buscar la fecha de agosto en mis primeros cuadernos. Salté de felicidad al leer lo que Dan, el ángel de la guarda, me había dicho: “Yo, Dan, te ben- digo en el nombre de Dios nuestro Padre, de Su Bienamado Hijo Jesucristo y del Es- píritu Santo. Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios”. Enton- ces mi ángel me entregó a Dios y desde en- tonces Yahveh comenzó a enseñarme. Dan terminó diciendo: “¡Gloria a Dios! He he- cho todo lo que Dios quería que hiciera”. Corrí enseguida a decírselo a mi prima. ¡Volaba de felicidad! ¡Estaba celebrando con Dios! Ella también se puso muy conten- ta, pero me advirtió que otros que no com- prenden podrían creer que estaba enamo- rada de Dios, amándole de un modo inadecuado. Lo que me dijo me entristeció muchísimo y me asustó. ¿Podría tener ra- zón?) ¿Jesús? HijaMía. Estoy asustada por esto. Lo sé,Vassula, habla conMi Madre. Me gus- taría que comprendieras cuán equivocados son tus pensamientos. 1 Es obvio. Incluso cuando explico mis propios sentimien- tos Dios me los dicta. Oí muy claramente la palabra “su- til” cuando yo dudaba sobre cómo describir esa luz. La miré en el diccionario para averiguar su significado; yo no lo sabía... 2 Tenía que ir corriendo a una cita. Cuaderno 14
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