La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 114 Sí. Bien.Al retirarMi Luz sólo un poco, alimento tu intelecto en el sentido de obligarte a bus- carme más, elevándote a la contemplación y avivándola, haciéndola florecer y volviéndo- la, de este modo, fecunda. ¿Cómo me alimentabas antes de introducir- me en esto? Te había dado recursos que están fuera de tu intelecto. Ahora deseo que penetres en un grado más alto de meditación. Vassula, tie- nes que progresar. Sólo estoy enriquecien- do tu alimento con este ligero cambio. Quie- ro que esto te quede claro. Te he dicho que voy a desprenderte en todos los sentidos, ¿no es así? Sí, me lo has dicho, Señor. Al estar ahora desprendida, reavivaré tus facultades. ¿La percepción de la que me hablaste? Sí, tu intuición. El concederte esta gracia es- piritual ayudará a otros. ¿Cómo a otros, Señor? Serás capaz de comprender a Mis hijos y así podrás ayudarlos. No interpretes esta ligera disminución deMi Luz como abandono. No, Vassula, sólo estoy haciendo avanzar a tu alma hacia la santidad. Señor, tenía miedo de llegar a ser como una barca sin remos, retrocediendo a la deriva, perdiendo todo lo que me habías enseñado. ¡Sentí pánico! Vassula, tengo que purificarte, has de saber que cuando purifico un alma, el alma experi- menta miedos y angustias terribles, pero te estoy explicando esto: que suspirar por Mí te dispone a ser elevada a esa gracia. ¿Cuál? La contemplación. Quiero que tu amor alcan- ce la perfección dándote enteramente a Mí. Jesús, mi alma suspira por Ti. Pequeña, ¿no te deseo Yo también ardiente- mente? Nosotros 1 . Ven, vámonos. (Ahora comprendo que Jesús me está ense- ñando dos cosas al mismo tiempo: la con- templación y a tener intuición. El 26 de julio parecía como si Dios me es- tuviese preparando para este cambio, pues al día siguiente ya sentí como si me estuvie- ra retirando algo de Su Luz. Sentí pánico e inmediatamente mi alma comenzó a buscar la razón. Puesto que me siento culpable y llena de pecados, buscaba cuáles eran esos pecados que le habían airado tanto como para retirarme ligeramente Su Luz. ¿Acaso le había ofendido? ¿O podría ser Satanás quien me estuviera haciendo esto? Pensé que, en cualquier caso, y precisa- mente por ello, yo debería aferrarme más es- trechamente a mi Salvador, orar más que de costumbre, meditar más, emplear a fondo todas las otras gracias que se me habían dado, sentir Su Presencia, hablar con Él más que nunca, no olvidar jamás Su Presen- cia, trabajar duro como nunca lo había he- cho. Si era Satanás, huiría furioso, así que le dejaría enfurecerse y me dejaría tranqui- la. Por otra parte, si venía de Dios, a modo de examen, quería aprobarlo como buena alumna. Quería verle sonreír. Pasaron varios días sin ningún cambio. Mis fuerzas estaban cediendo. Estaba em- pezando ya a sentir pánico. Traté de servir- le con más fervor y devoción, pero aún no podía comprender por qué no daba resul- tado todo esto; al menos así lo creía. Enton- ces mi Salvador y Maestro me explicó lo que estaba sucediendo. Cuando creía que Él me había abandonado, sólo estaba purificán- 1 ‘Nosotros’: Él me recuerda que Le hable utilizando esta palabra. Cuaderno 14

RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=