La Verdadera Vida en Dios

A-29 Aquí Jesús me estaba diciendo que Él está en el Padre con el Espíritu, del mismo modo que el Padre y Él están en el Espíritu. Él, el Hijo, es y permanece coeterno en el Padre, con el Espíritu Santo. Podemos recordar las palabras de Cristo: “Dios es Espíritu, y los que le adoran, de- ben adorarle en espíritu y en verdad” (Jn 4, 24) . De vital importancia son también las pala- bras de S. Pablo: “...porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” (2Co 3,17) . Nunca encontraremos al Padre separado del Hijo o del Espíritu, ni al Hijo separado del Padre y del Espíritu, ni al Espíritu excluido de la unión con aquél del que procede. De aquí la expre- sión “Yo soy la Santísima Trinidad, todo en Uno” y otras expresiones en los escritos, simila- res a ésta. Igualmente, en otro pasaje de la VVeD, especifico: “El Hijo está en el Padre. Son sólo uno. La Santísima Trinidad es una y lo mismo: tres Personas pero un solo Dios: uno en tres” (23.11.1987). Me gustaría explicar de modo especial estas dos expresiones que salen a menudo en los es- critos de La Verdadera Vida en Dios . Habla Cristo: “...sed uno como la Santísima Trinidad es Una y lo mismo” O esta otra expresión: “Rogad para que Mi Rebaño sea uno, como Yo y el Padre somos Uno y lo mismo” (29.03.1989). Aquí hay un factor muy importante. Cuando Cristo usa la palabra “lo mismo” es distinto si se traduce esta palabra al italiano o al francés porque el significado cambia, yme gustaría señalar que ha habido deficiencias de traducción, pero no se me puede responsabilizar de eso. En inglés (que es la lengua original de los escritos) no significa “la misma persona” sino que significa “igual” en el sentido de “unidad de esencia”, “sustancia”. Luego, hay pasajes en los que la Santísima Trinidad habla por turnos con la misma voz. Pero incluso así, está muy claro. He aquí un pasaje, por ejemplo: “... tus aterrados gritos atrave- saron los cielos, llegando a oídos de la Santísima Trinidad... ¡hija Mía! La Voz del Padre, llena de alegría, resonaba por todo el Cielo. Luego habló el Hijo: “Ah... ahora la haré pene- trar enMis Llagas y le dejaré comer Mi Cuerpo y beber Mi Sangre. La desposaré y seráMía para la eternidad. Le demostraré el Amor que siento por ella, y sus labios, en adelante, tendrán sed de Mí, y su corazón será el apoyo de Mi Cabeza”. El Espíritu Santo dijo inme- diatamente después: “Y Yo, el Espíritu Santo, descenderé sobre ella para revelarle la ver- dad y Nuestras profundidades. Recordaré al mundo, por medio de ella, que el mayor de todos los dones es el amor”. Y entonces habló la Santísima Trinidad a una voz: “¡Celebrémos- lo! ¡Que todo el Cielo lo celebre!” (22.12.1990). El misterio de la Santísima Trinidad, su unicidad combinada con los distintivos rasgos de cada una de las tres personas y la relación entre ellas es uno de los mayores misterios de la fe cristiana. Sin embargo, el hecho de que la Trinidad sea tan infinito misterio no debe encoger- nos para alabar sus maravillas ni impedirnos hablar de ello, a pesar de que el lenguaje humano nunca será capaz de expresar la belleza y la inmensidad del Único pero Trino. Porque el mis- terio de la Santísima Trinidad es tan central para nuestra fe que se sitúa por encima y vierte luz sobre los otros misterios de la fe. Esto ha sido señalado una vez más, muy claramente, en el Catecismo de la Iglesia Católica:

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