La Verdadera Vida en Dios
A-27 He escogido a S. Simeón, un teólogo y santo muy querido e importante en mi tradición orto- doxa, para darle algunas semejanzas más. Esto es lo que dice: “Para los que han sido destetados, Él (Cristo) desempeña el papel de un Padre amoroso que vigila el crecimiento y desarrollo de Sus hijos” ( Oraciones Éticas Teológicas 4, 269-270). La crítica puede referirse también a un mensaje en particular, al principio, cuando el Señor quería enseñarme sobre la unidad de la Santísima Trinidad. El mensaje que podría cuestionarse era: “Yo soy el Padre y el Hijo. ¿Lo entiendes ahora? Yo soy Uno, Yo soy Todo en Uno” (02.03. 1987). Aquí el Señor quería que entendiera la unidad perfecta y ontológica de la Santísima Trinidad; de qué modo las tres Personas divinas son indivisibles y tan completa- mente uno en naturaleza. Como dijo San Simeón en suHimno 45, 7-21: “Tres en uno y uno en tres... ¿Cómo podría saber, Señor, que tenía tal Dios, Dueño y Protector, Padre, Hermano y Rey...?” Gradualmente, cualquier terminología no oficial se fue cristalizando con el tiempo, de modo que si alguien pudo tener alguna confusión, se esclareció más tarde. Recordemos cómo Benedicto XIV, hace tiempo, tomó nota de pasajes dudosos en los escri- tos de los Padres de la Iglesia y los santos, y dispuso que: “... lo que éstos han dicho debe tomarse, en la medida de lo posible, en el buen senti- do... los puntos oscuros de un texto han de ser explicados de otro modo por textos más claros... búsquese la intención del escritor, no por una frase en particular, sino por todo el contexto de la obra; la benevolencia debe ir unida a la severidad; el juicio sobre opiniones con las que uno no está de acuerdo debe hacerse, no sobre la base de las propias opiniones, sino de acuerdo con la probabilidad de la doctrina” ( Constitución de introducción al Índice ). En uno de los primeros mensajes cuento cómo me pidió Jesús que “esbozara cómo es la San- tísima Trinidad”. Describí haber tenido una visión de luz. Luego salió de ella otra luz y luego otra, sumando tres. Entonces comenté: “Cuando el Hijo está en el Padre son entonces uno. La Santísima Trinidad es UNO y lo mismo. Pueden ser tres, pero los tres pueden ser uno. Resultado, Un Solo Dios”. Esta afirmación emplea, como supe luego, una metáfora que se remonta al Credo Niceno, que declara que el Hijo procede del Padre como “luz de luz”. Esta imagen, desde entonces, se ha hecho clásica en el pensamiento cristiano. Por ejemplo, Simeón el Teólogo escribe sobre “el Único que, en el principio, antes de todas las edades, fue engen- drado por el Padre, y con el Espíritu, Dios y Palabra, triple en unidad, mas una sola luz en los Tres” (Himno 12, 14-18). A veces habla Dios Padre, y es evidente para cualquier lector que conoce las Escrituras que es realmente el Padre quien habla, pues menciona palabras como “Mi Hijo Jesús” etc. Luego puede suceder que el mismo día, un poco después, Cristo me llame para continuar el mensaje y hable. De nuevo, el lector que conozca las Escrituras comprenderá que es Cristo quien habla porque hablará de Sus Llagas o Su Cruz. En cuanto a los mensajes que empiezan, por ejemplo, con el Padre y continúan más tarde con el Hijo, suelen contener una referencia diciendo “más tarde”. Si no puse ninguna referencia para ayudar al lector, es porque me parecía tan evidente quién hablaba en ese momento, por las palabras pronunciadas, que las dejé tal cual. Entre los miles de lectores, jamás recibí una carta de nadie que pidiera aclaraciones sobre el tema y nadie vino nunca a decirme que se sentía desconcertado. Sólo dos clérigos en los Estados
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