La Verdadera Vida en Dios

A-26 seguir la terminología oficial de los catecismos clásicos para evitar la confusión en la mente de los lectores de “La Verdadera Vida en Dios”? Respecto a esto voy a tratar de explicar lomejor que pueda el dilema de lenguaje, recordándo- le que no soy una teóloga que puede expresarse de una manera técnica o que recibe palabras de lo alto en terminología oficial. Está claro que el Señor se ha expresado del modo que yo era capaz de entender, adaptándose para ponerse a mi alcance. No me habla ni en una teología escolástica –aunque tampoco lo hizo mientras estaba en la tierra, cuando dijo: “El Padre yYo somos Uno” (Jn 10, 30)– ni tampoco en la de S. Pablo cuando escribió: “El Señor es el Espí- ritu” (2Co 3, 17).ABernardette de Lourdes, María le habló en el dialecto local, que no era buen francés. Incluso, en los libros inspirados de la Escritura, he aprendido que hay una diferencia notable entre el griego refinado de S. Lucas y el lenguaje sencillo de S. Marcos. Sta. Catalina de Siena explicó en una ocasión, en su Diálogo: “Tú eres mi Creador, Trinidad Eterna, y yo soy tu criatura. Has hecho de mí una creación nueva en la sangre de Tu Hijo” 12 . Llamar a Cristo Hijo de la Trinidad suena heterodoxo, pero tomamos esta parte, en la medida de lo posible, en el buen sentido... Así que es perfectamente normal que Cristo emplee al principio mi nivel de vocabulario, más bien que el lenguaje de un teólogo.Aveces articulé palabras salidas de mi experiencia perso- nal de Dios y expresé lo que había sentido en los términos que me venían espontáneamente, sinmucha reflexión crítica sobre cómo les sonaría a los demás o si podía ser mal interpretado. Expresar con palabras misterios divinos era bastante duro para mí, y más aún cómo debería uno expresar esos misterios divinos de manera apropiada, en el lenguaje tradicional. Los teó- logos, por el contrario, usan un vocabulario que ha sido cuidadosamente depurado por mu- chos siglos de discusión. No sé exactamente a qué partes de los primeros escritos se refiere la pregunta, pero puedo imaginarme que se trata de haber llamado a Cristo, “Padre”. Cristo es el Hijo del Padre. En estos aspectos de la revelación, los escritos no se refieren de manera ontológica o doctrinal a la persona de Cristo. Más bien es un lenguaje afectuoso y paternal, el mismo lenguaje que Jesús usaba con sus discípulos: “Hijos míos...” (Jn 13, 33). Ya Isaías describía al Mesías como “Maravilla de Consejero, Dios Fuerte, Siempre Padre, Príncipe de Paz” (Is 9,5). Desde el principio nunca confundí al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. La presencia (actitud) de Cristo conmigo era de afecto paternal. Cuando en un pasaje llamé a Jesús, “Padre”, fue debido a la manera paternal con que me hablaba. Era como esas veces en que los padres están explicando y enseñando ciertas cosas a sus hijos, con paciencia y amor, para su crecimiento y desarrollo. He aquí un ejemplo de las palabras de Jesús: “Crece en espíritu, Vassula, crece, porque tu tarea es comunicar todos los mensajes dados por Mí y por Mi Padre. La Sabidu- ría te instruirá” . Yo entonces contesté: “¡Sí, Padre!” Jesús replicó: “¡Qué hermoso oírte llamarme ‘Padre’! Anhelaba oír de tus labios esta palabra: ‘Padre’” (16.02.1987). En la Letanía del Santísimo Nombre de Jesús se Le llama: “Padre del mundo venidero”. La secuen- cia de la Misa de Pentecostés nombra al Espíritu Santo, “Padre de los pobres”. 12 Sta. Catalina de Siena, Dialogo della Divina Providenza , nº 167. El Breviario Romano cita este pasaje en la segunda lectura del 29 de abril.

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