La Verdadera Vida en Dios
A-23 en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 21). Mientras espero esta gracia, sigo lo mejor que puedo los principios en el actual estado de cosas y estoy convencida de no infringir en la conciencia de los miembros de cualquier Igle- sia. En la pregunta se dice lo siguiente: “Sin embargo, leyendo sus obras se tiene a veces la impresión de que usted se sitúa por encima de ambas Iglesias sin estar comprometida con ninguna...” No hay base en la obra escrita para tener la impresión de que me sitúo por encima de ambas Iglesias.Tal como usted lo describe, parece referirse más al nivel práctico. En cuanto a la manera en que practico mi fe, soy ortodoxa y estoy plenamente comprometida con mi Iglesia. Siempre que hay cerca una iglesia ortodoxa no dejo nunca de asistir a suMisa Dominical, a menos que, por supuesto, no haya ninguna, como en Dacca, Bangladesh, don- de vivía. Justo antes de venir a Roma, donde ahora resido, viví once años en Suiza. Cada domingo iba a nuestra iglesia ortodoxa y el sacerdote griego de Lausanne, el P. Alexander Iossifides, es testigo de ello, así como los fieles que estaban en la iglesia y me veían con regularidad, a no ser que estuviera viajando, naturalmente. Durante mis viajes en el extranjero, cuando se ha establecido un programa que debo seguir para dar mi testimonio, a veces –y añadiría, con muy poca frecuencia– puede ocurrir que los sacerdotes católicos o los obispos del lugar que me ha invitado a hablar, hayan programado a continuación una Santa Misa pública, en el mismo lugar donde he hablado; entonces me quedo con el resto de los asistentes para la Misa, como está en el programa, y recibo ahí la Sagrada Comunión. Aquí, en Roma, vivo fuera del centro y bastante lejos de mi iglesia greco-ortodoxa, que está en el centro de Roma. Hay una iglesia ortodoxa eslava en Tre Fontane que solía frecuentar, pero no entiendo el idioma. Y por eso me permito de vez en cuando, puesto que estoy fuera lamitad del tiempo, recibir la Sagrada Comunión en el Santuario deNuestra Señora del Divino Amor que está a tres kilómetros de mi casa. Creo que el Concilio Vaticano Segundo me permite hacer esto cuando dice, como reitera el Catecismo de la Iglesia Católica: “Una cierta comunión in sacris , por tanto, en la Eucaristía, ‘no solamente es posible sino que se aconseja en circunstancias oportunas y aprobándolo la autoridad eclesiástica’” (CIC 1399). En el Decreto OrientaliumEcclesiarum delVaticano II se declara: “...pueden ser administra- dos los sacramentos de la Penitencia, la Eucaristía y la Unción de Enfermos a los orientales que de buena fe se hallan separados de la Iglesia, con tal que los pidan espontáneamente y estén debidamente dispuestos”. El Código Católico de Derecho Canónico declara: “Los ministros católicos administran lícitamente los sacramentos de la Penitencia, Eu- caristía y Unción de los Enfermos a los miembros de Iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesia Católica, si los piden espontáneamente y están bien dispuestos; y esta norma vale también respecto a los miembros de otras Iglesias que,
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