La Verdadera Vida en Dios
A-22 Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz...” (Ef 2, 14-15) ¿Cómo podemos decir “no” a Dios, si Él quiere que nos unamos? ¿Podría acaso ser porque nuestros corazones se han endurecido? ¿Hemos olvidado las palabras del Santo Padre cuando dijo: “Los elementos que nos unen son mucho mayores que los que nos dividen”? De modo que deberíamos tomar esos elemen- tos y emplearlos para allanar el camino hacia una unidad completa. La Sagrada Eucaristía y la participación eucarística En el Catecismo de la Iglesia Católica se dice sobre la Eucaristía, refiriéndose a SanAgustín: “Ante la grandeza de este misterio [la Sagrada Eucaristía] SanAgustín exclama: ‘¡Oh sacramento de piedad! ¡Oh signo de unidad! ¡Oh vínculo de caridad!’ Cuanto más dolorosamente se hacen sentir las divisiones de la Iglesia que rompen la participa- ción común en la mesa del Señor, tanto más apremiantes son las oraciones al Señor para que lleguen los días de la unidad completa de todos los que creen en Él” (CIC 1398). El Señor nos urge a reconciliarnos y unirnos de nuevo. Como dijo recientemente un cono- cido cardenal católico a un sacerdote ortodoxo de Nueva York, amigo mío, que asistió a la misa de dicho cardenal en Roma, yo tengo el mismo convencimiento de que debe ser posi- ble obtener de nuevo esa unión, alrededor de la mesa del Señor, entre católicos y ortodoxos, porque compartimos los mismos sacramentos y tenemos virtualmente la misma fe, aunque esté revestida de expresiones diferentes de fe y culto. He podido experimentar desde el amor ardiente de Nuestro Señor la profundidad de su deseo por la unión perfecta de su Cuerpo, y creo que sufre un gran dolor a causa de nuestra falta de amor y comunión. Por tanto, no tengo mayor deseo que ver su Cuerpo unido de nuevo y estoy convencida de que noso- tros, los cristianos, si realmente amamos a Jesucristo, debemos hacer todo lo que esté en nuestro poder para trabajar por la reconciliación de los miembros separados del cuerpo de Cristo. Mientras tanto, sé que esta unión no resultará fácil sino sólo a través de un milagro de Nues- tro Señor. Aunque debemos hacer todo lo que podamos para avanzar en la unidad, Él ha prometido concedernos esa unión que será obra del Espíritu Santo puesto que, como dije en una ocasión anterior, en 1992, llegará tan de repente como la caída del muro de Berlín: “La Misericordia y la Justicia están obrando tales maravillas como no han ocurrido jamás en muchas generaciones... Y la Unidad llegará sobre vosotros como la Aurora y tan repenti- namente como la caída del comunismo. Vendrá de Dios y vuestras naciones lo llamarán el Gran Milagro, el Día Bendito de vuestra historia.” (10.01.1990) La Iglesia de Cristo es una en el sentido de que Cristo es uno y sólo tiene un Sagrado Cuerpo. Es la gente de la Iglesia la que está dividida. Si los cristianos son capaces de ir más allá de los obstáculos negativos que los separan, obstáculos que, según las Escrituras, están en contra del cumplimiento de la unidad de fe, amor y culto entre nosotros, el Padre escuchará la ora- ción ya expresada por su Divino Hijo, cuando dijo: “...que todos sean uno, como tú, Padre,
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQ2Mzg=