La Verdadera Vida en Dios
A-21 El Futuro de la Unidad Cristiana Aunque el mensaje confirma la primacía de Pedro, el Obispo de Roma, reconocida en ambas tradiciones, ortodoxa y católica, no habla de cuestiones de jurisdicción. Creo que no estoy llamada a hablar sobre esta cuestión y, por tanto, me abstengo de hacerlo de todos modos. Mi llamada es para confirmar la importancia del Papa y defender su Cátedra ante todos aque- llos que tienden a desobedecerle y rebelarse contra él, mientras que aliento la construcción y el fortalecimiento de las estructuras interiores de la unidad. Mi planteamiento primordial para la unidad es el de la unidad por medio de la espiritualidad. El mensaje es una llamada a la unidad a la vez intra nos y extra nos: una llamada a fortalecer la dinámica espiritual de la unidad a la vez dentro de cada Iglesia en particular y entre todas ellas. No sé qué aspecto tendrán las estructuras futuras de la Iglesia unificada, ya que el Señor ha preferido no hablar sobre esto ni tampoco me ha favorecido dándome alguna luz acerca de ello, pero creo que llegará a través de la espiritualidad; y creo que se me ha concedido un anticipo de la gracia de esa futura unidad en varias reuniones ecuménicas. Enmarzo de 2002, por ejemplo, el Señor permitió que nuestros grupos de oración se reunieran en su lugar de nacimiento, Belén. Fueron 450 personas de todas partes, sí, de más de 55 paí- ses y de 12 Iglesias diferentes, a un encuentro internacional de oración por la paz y la unidad. Nos reunimos como una sola familia. Nos acompañaron 75 clérigos de las 12 Iglesias diferen- tes, pero además otros clérigos de Tierra Santa que, al enterarse de este encuentro de ora- ción, también se nos unieron. Este evento ecuménico fue coordinado por algunos judíos y palestinos que se habían sentido conmovidos por los escritos de “LaVerdaderaVida en Dios”. Creyeron en la redención de Cristo y en su plan de salvación para nuestro tiempo, y se ofre- cieron voluntarios para organizar este encuentro. Cuando se sabe cómo, en nuestros días, palestinos y judíos están luchando unos contra otros, su reconciliación es un signo del po- der del Espíritu Santo, que reunió a esas dos naciones para trabajar para un encuentro por la paz entre cristianos divididos. Como dicen las Escrituras : “Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz” (St 3, 18). Esto es una lección para todos nosotros. Vivimos y tuvimos un anticipo de cómo será algún día la unidad entre los cristianos. Clérigos de diferentes Iglesias nos dieron conferencias sobre la unidad. Sus palabras resonaban como si procedieran de una sola voz y una sola mente. Durante sus pláticas sentimos el gran deseo de ser todos uno. Vimos y observamos la sed de unidad que tienen laicos y clero. Pero per- cibimos al mismo tiempo las enormes heridas externas que nuestra división ha producido en el Cuerpo Místico de Cristo. La mayoría de nosotros estamos cansados de esta división, porque no está de acuerdo con la ley de amor de Nuestro Señor. Cristo está más cansado aún de vernos divididos. Las ova- ciones y exclamaciones de alegría de todas esas naciones que se sentían vinculadas entre sí, reclamando una unidad completa entre los cristianos, puso en evidencia que esta división no sólo es un pecado, sino también un antitestimonio. No obstante, el mayor pecado contra la unidad es mantener separadas las fechas de Pascua. Qué bueno será cuando podamos gritar todos juntos: “ChristosAnesti” a una sola voz, todos el mismo día. Todos decimos: “Hágase Tu Voluntad así en la tierra como en el cielo...” Jesucristo nos unió con su Sangre, de modo que ¿cómo se puede negar esta unidad? “Porque Él es nuestra paz: el que de los dos pue- blos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su carne la
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