La Verdadera Vida en Dios
A-16 cesaba, y más tarde, despacio, con tiempo, me tranquilicé y me convencí de que todo esto era sólo obra de Dios, porque empecé a ver la mano de Dios en ello. Por eso dejé de tener miedo a enfrentarme con la oposición y la crítica, y aprendí en cambio a tener total confianza en Nuestro Señor, sabiendo que, donde amí me falte, Él siempre colmará a pesar demi insuficien- cia, y sus obras acabarán siempre gloriosas. Abordar a los sacerdotes ortodoxos, monjes y obispos para que reconozcan al Papa y se reconcilien con sinceridad con la Iglesia de Roma no es tarea fácil, como dice Nuestro Señor en uno de los mensajes; es como tratar de nadar en contra de una poderosa corriente, pero, después de haber visto cómo sufre Nuestro Señor por nuestra división, no podía negarme a Su solicitud cuando me pidió llevar esta cruz; por tanto, he aceptado esta misión, aunque no sin haber pasado (y pasar aún) por muchos fuegos. Me ha preguntado: “¿Por qué se dedica a esta misión?”. Mi respuesta es porque fui llamada por Dios, creí y Le respondí; por consiguiente, quiero hacer la voluntad de Dios. Una de las primeras palabras de Cristo fueron: “¿Qué casa es más importante, tu casa o Mi Casa?” Contesté, “Tu Casa, Señor”. Él dijo: “Reaviva Mi Casa, embellece Mi Casa y únela”. Parte de la jerarquía greco-ortodoxa me rechaza totalmente, primero porque no creen en mí 4 , segundo porque soy una mujer y tercero porque una mujer no debería hablar.Algunos mon- jes sospechan de mí, diciendo que probablemente soy un caballo de Troya enviado y pagado por el Papa, o incluso que soy una uniata. Muchos no quieren oír hablar de reconciliación o de ecumenismo. Consideran una herejía que rece con los católicos romanos. Esto es lo que ven como tomar posición sobre ambas Iglesias sin estar comprometida con ninguna. Estoy plenamente y completamente comprometida con mi Iglesia, pero no es ni una herejía ni un pecado si vivo ecuménicamente y rezo con otros cristianos para promover la unidad. Sin embargo, la llave de la unidad, según el Señor en los escritos, es la humildad y el amor. Mucha gente de esas Iglesias no tiene aún esta llave. Muchos laicos greco-ortodoxos, y también desde el simple sacerdote de la esquina hasta el monje en un remoto monasterio, llaman hoy día herética y peligrosa a la Iglesia Católica Romana; se les enseña a creer esto desde la cuna, y está mal. Sin embargo, creo que, a pesar de su rigidez, pueden cambiar a través de una metanoia y del poder del Espíritu Santo que les hará doblegarse, y por las oraciones de los fieles. En nuestras reuniones pedimos a Dios por este cambio de opinión. Sin embargo, no es cuestión de que se dobleguen únicamente ellos.Todos deben doblegarse con humildad y amor. Los miembros de cada Iglesia deberían estar dispuestos a morir a su ego y a su rigidez, y entonces, gracias a este acto de humildad y obediencia a la verdad, la presencia de Cristo resplandecerá en ellos. Creo que por medio de este acto de humildad, los fallos pasados y presentes de las Iglesias se lavarán y se alcanzará la unidad. Nunca pierdo la esperanza de acercarme a los ortodoxos, y por ello sigo volviendo a ellos para darles mi testimonio. Doy mi testimonio recordándoles las palabras de Nuestro Señor: “...que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti,... para que el mundo crea que tú me has enviado” 4 Aunque en nuestro libro de la doctrina de la Iglesia Ortodoxa, Tomo I, publicado en 1997 por el Sr. Trembelas, se lee en la pág. 79: “Las revelaciones se definen como un acto asumido por Dios por el cual Él informa a Sus criaturas razonables acerca de los misterios de Su existencia, naturaleza y voluntad, de acuerdo con la limitada capacidad intelectual de dichas criaturas...” (Traducido de la versión inglesa. N. del T.).
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