La Verdadera Vida en Dios

A-15 La segunda manera como recibo las palabras de Dios es a través de una luz de enten- dimiento en mi intelecto, sin ninguna pronunciación hablada. Es como si Dios trans- mitiera Su pensamiento al mío. Inmediatamente sé lo que Dios quiere o desea decir. Entonces he de escribir este “mensaje no expresado” lo mejor que puedo, seleccio- nando mis propias palabras. Me dijeron más tarde aquí, en Roma, que Sta. Brígida de Suecia tenía una forma similar de escribir sus mensajes. ¿Por qué el Señor elige esta forma especial de escribir los mensajes, para lo cual se apodera incluso de mi mano? Realmente no lo sé. El Señor sólo me dijo, cuando le pregunté la razón: “Porque me gusta de este modo”. Así que no sé cómo sucede esto. Me gustaría, sin embar- go, señalar que teólogos que son también expertos grafólogos y que han investigado estos escritos, los llaman “hieráticos”, describiendo muchas diferencias innovadoras entre la ma- nera en que escribo y la llamada escritura automática. Más tarde he llegado a saber que cono- cidos místicos, como Teresa de Ávila, experimentaron arrebatos de su cuerpo o, a veces, de parte de su cuerpo. Creo que ésta es una forma mitigada de arrebato y confío en que el Señor tiene sus propios designios sobre ello. 2ª Pregunta: Mi relación como cristiana ortodoxa con la Iglesia Católica Romana Usted pertenece a la Iglesia Ortodoxa y a menudo exhorta a sacerdotes y obispos de esa fe a reconocer al Papa y a hacer las paces con la Iglesia de Roma. Por ello, desafortunadamente, no es bien recibida en algunos países de su propia creencia. ¿Por qué se dedica a esta misión? ¿Qué idea tiene usted sobre el Obispo de Roma y cómo prevé el futuro de la unidad cristiana? Sin embargo, leyendo sus escritos se tiene a veces la impresión de que usted se sitúa por encima de ambas Iglesias, sin comprometerse con ninguna. Por ejemplo, parece que recibe la comunión en las dos Iglesias, católica y ortodoxa, pero en su estado matrimonial sigue la costumbre de la “oikonomia”. Como ya he dicho, estas observaciones no deben tomarse como censura personal puesto que no tenemos en absoluto derecho a juzgar su concien- cia, pero debe entender nuestra preocupación acerca de sus seguidores católicos, que pueden interpretar esas actitudes de forma relativista y sentirse tentados de hacer caso omiso de la disciplina de su propia iglesia. Motivaciones para dedicarme a esta obra de unidad. No creo que hubiera tenido nunca el valor o el celo suficiente para enfrentarme a la Ortodoxia, tratando de hacerles entender la reconciliación que el Señor desea de ellos, si no hubiera experimentado la presencia de Nuestro Señor, ni tampoco hubiera sobrellevado las oposicio- nes, las críticas y las persecuciones que ellos me han causado. Muy al principio de la inter- vención de Dios, me sentía totalmente confusa y temía que estaba siendo engañada; esta incertidumbre era verdaderamente la mayor cruz, puesto que antes no había oído jamás enmi vida que Dios puede efectivamente expresarse a la gente de nuestro tiempo, y no tenía a nadie a quién preguntárselo. Por esta razón, traté de luchar en contra, pero la experiencia no

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