La Verdadera Vida en Dios

A-12 Creo que hay una sola Revelación y nunca dije lo contrario, ni tampoco se encuentra esto en los escritos. No espero que los lectores de la VVeD consideren estos mensajes más que la Sagrada Escritura y estoy segura de que nada en los libros de laVVeD puede inducir a todos los que me escuchan y leen a pensar de otro modo. De hecho, durante mis testimonios, cito todo el tiempo muchos pasajes de las Escrituras, a veces incluso más que los mensajes mis- mos. Dentro de los mensajes hay una clara y continua insistencia para concentrarse en la Biblia y vivir de acuerdo con su verdad. Los escritos son una actualización y un recordatorio de la sola y única Revelación en Cristo, conservada en la Escritura y la Tradición, transmitida a través de la Iglesia; son sólo una llamada a dicha Revelación. De hecho, estos escritos nunca afectaron a los lectores hasta el punto de considerarlos por encima de las Escrituras, sino que los testimonios demuestran que les ayudaron a entender mucho mejor la Palabra de Dios. Sin embargo, sabemos que Dios puede recordarnos Su Santa Palabra cuando estima que es necesario para beneficio de la Iglesia. Favores de esta clase, porque se trata de un favor, iluminan o hacen manifiesta una verdad ya conocida, proporcionando un mejor enten- dimiento de dicha verdad. Uno puede, pues, preguntarse por qué Dios ha llamado a alguien tan limitado e indigno, to- talmente ignorante en asuntos de Iglesia, que nunca buscó a Dios, para que recibiera un “re- cordatorio de Su Palabra”. ¿No están llamados los sacerdotes y teólogos a hacer lo mismo? Sí, creo que lo están, y yo de ninguna manera intento competir con los sacerdotes y teólogos queDios ha llamado a cumplir con su deber; sin embargo, creo queDiosme ha llamado inespe- radamente por medio de una acción directa por Su parte. Recientemente he sabido que el Concilio Vaticano II ha subrayado cuán importante es que los laicos contribuyan a difundir la Buena Nueva a través de los diversos dones que Dios otorga a Su Iglesia. En Lumen Gentium, el Concilio manifiesta claramente que los laicos par- ticipan en el oficio profético de Cristo y que Cristo “realiza su función profética no sólo a través de la Jerarquía, sino también por medio de los laicos. Él los hace sus testigos y les da el sentido de la fe ( sensus fidei ) y la gracia de la palabra” (LG 35). Cada laico, por tanto, tiene un papel que desempeñar en este servicio del Evangelio, de acuerdo con el carisma que Dios le ha dado, y por medio de estos dones, él o ella, es a la vez testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia misma, “según la medida del don de Cristo”. En la mayoría de las obras clásicas de laTeología Fundamental Católica existe una distinción entre Revelación como concepto de reflexión (Revelación con R mayúscula) y revelación como concepto de experiencia (revelación con r minúscula, a menudo revelaciones en plural). Cuando hablo de mi humilde experiencia como “revelación”, hablo de revelación con “r” minúscula desde el punto de vista experimental. No hablo de mi experiencia como revelación desde un punto de vista doctrinal, queriendo competir de algún modo con la Revelación.Al igual que otras “revelaciones privadas” o “re- velaciones proféticas”, mi obra no añade nada al Depósito de la Fe. Por el contrario, la llamada de Dios hacia mí se propone señalar la plenitud de la verdad del depósito de la Fe, para entrar más enteramente en esa verdad y vivir de acuerdo con ella. La Constitución Dei Verbum del ConcilioVaticano II ha dejado claro que la Revelación Públi- ca está completa y es perfecta, y que “no hay que esperar otra revelación pública antes de la

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